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La tercera educación


Hoy me referiré a la educación sexual, tan importante como las otras. Es importante conocer lo referente al tema, sobre todo los jóvenes y también los adultos para orientarlos en los momentos precisos. Los padres necesitamos lograr que nuestros hijos se acerquen a consultarnos, a contarnos y a ser recíprocos en el cariño y el respeto. Leemos constantemente las altas cifras de embarazos en adolescentes que pueden trastornar sus vidas permanentemente. Como bien dijo una de las víctimas: he tirado por la borda toda una vida por un momento de placer. ¡Qué sabias sus palabras! Pero tuvo que vivir semejante experiencia para darse cuenta.

¿De quién es la responsabilidad? De nosotros o de ellos, porque tanta culpa tiene la muchacha como el muchacho que lo hace y que por desconocimiento o por egoísmo de no usar los anticonceptivos, permiten semejante estupidez. Pensamos que si esos jóvenes tienen la madurez (que es ficticia) de tener relaciones sexuales, deben tenerla también para saber las consecuencias. Pues no es así y los adultos tenemos la obligación de abrir esos ojos, de conversar con ellos, de decirles la verdad para que comprendan la realidad que se les presenta por un momento de placer.

Arruinan sus vidas porque, si dejan que siga el embarazo, qué hará una adolescente con ese hijo cuando debiera jugar con una muñeca. ¿Cómo se criará el producto si ella necesita continuar estudiando para mantenerlo de allí en adelante? Y si decide eliminarlo por un aborto, le quedará el remordimiento el resto de su vida. No es fácil la situación. Por lo tanto, es indispensable que los adultos intervengamos, tanto en casa como en las escuelas para dar educación sexual, para evitar tantos embarazos en adolescentes y que traigan al mundo niños, a veces indeseados. A los varones debemos enseñarles a evitar problemas y, como es inevitable que descarguen sus hormonas, que sean responsables en el comportamiento con quienes lo hacen. El amor es bueno, pero sus consecuencias son funestas si no se cuenta con el cuidado. En una época en que el sexo es tan libre, el peligro que asecha es también inmenso. Todos estamos expuestos a estas situaciones. Tengo nietas y solo pido a Dios no vernos envueltos en una situación igual. Habiendo pasado el día de la madre, pido a la divina misericordia que nos ayude a todas las madres y abuelas a llevar correctamente la educación sexual para que todos seamos felices. ¡Que Dios nos proteja!

(marisin@cableonda.net)