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La terrorista familiar, una verdad escondida

Por: Redacción 29/03/2016

En los casos de violencia familiar, existen verdades que aún no tienen voz. Estas verdades se hacen evidentes cada vez que alguien sufre por los abusos de una "terrorista familiar".

Es muy común en los medios de comunicación la difusión de noticias en donde la víctima es la mujer, producto de una relación sentimental tóxica; sin embargo, existen miles de esposos que han sufrido a causa de mujeres violentas que, de manera física y/o emocional, exhiben sus trastornos más allá de lo socialmente aceptable ante una situación de estrés.

El terrorismo familiar es una táctica ampliamente utilizada por algunas mujeres al borde de una disolución, en la cual ella misma se convierte en un ser absolutamente negativo que impone con tiranía sus arrebatos en momentos de aparente calma, o manipula de manera silenciosa al resto de su cuadro familiar con astutas provocaciones y ganando espacios a partir de los sentimientos de culpa de los demás.

En este terreno, la terrorista familiar es una entidad silenciosa y manipuladora que, normalmente, pasa desapercibida entre familiares cercanos y amigos, ejecutando sus acciones con suficiente destreza como para crear confusión y llevar a los demás miembros de su propio cuadro familiar a estados y comportamientos explosivos, pues fuera del hogar, ella es percibida como una abnegada mujer que ha "pasado por mucho", cuando en realidad, dentro de las cuatro paredes, es el mismísimo demonio en tacones.

Las acciones que ejecuta con alevosía, normalmente son parte de su meta perversa, que tiene como origen una situación en donde ella se ha sentido agraviada, de manera real o imaginaria, y los especialistas en sicología suelen identificarla como una mujer propensa a la violencia que siempre expondrá que ella en sí, es y ha sido víctima inocente de un cuadro crónico de agresiones en la mayoría de sus relaciones interpersonales.

La terrorista emocional solo empatiza y siente su propio dolor. Este sentimiento motiva sus acciones. Aun cuando no era visible o evidente su comportamiento en aquellos días de armonía en el hogar, la terrorista actuaba con control y dominio de su entorno, justificando sus caprichos y adicciones con pequeños arrebatos emotivos sin mayores consecuencias.

Una vez se plantea el escenario de disolución matrimonial, el nivel violento de sus actos se incrementa.

Entre tantas acciones perversas, el "modus operandi" de la terrorista familiar es reconocido por el acecho a la pareja, agresión psicológica a su círculo más cercano, comunicación negativa a los amigos en común, jefes, clientes o a los socios de negocios, fabricación de cargos criminales para sacar algún tipo de ventaja, intentos fallidos de actos contra ella misma con el propósito de manipular, intento de separación de los hijos con escenarios dramáticos de guardia custodia, actos vandálicos contra el exesposo y mucho vocabulario mal intencionado.

Al evaluar el potencial de este tipo de condición patológica, siempre nos hacemos las mismas preguntas: ¿Cumplirá con sus amenazas? ¿Arruinará financieramente a su antigua pareja? ¿Será sincera cuando promete agredir? ¿Utilizará mecanismos legales para interponer cuanto recurso le recomienden para lograr su cometido? ¿Afectará a los hijos con su conducta?

En la vida, tanto hombres como mujeres son capaces de utilizar tácticas terroristas familiares. Aunque el hombre se comporta de manera más evidente dentro de esta categorización, nuestra preocupación se focaliza en el contexto de situaciones en las cuales normalmente el varón aguanta y calla, y este tipo de conductas de la mujer casi no se estudia con la seriedad y formalidad científica deseada.

Vivir con una terrorista familiar es un secreto a voces que duele y quienes logran sobrevivir a ello, quedan con profundas heridas en el corazón.

Abogado

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