La tragedia de la mujer afgana
Las fuerzas talibanes, que gobernaron Afganistán de 1996 a 2001, expresan su salvajismo y su rechazo en diversas formas a todo lo que implique estándares de civilización. Consideran a la mujer un ser inferior, despreciable, cuya única función es servir al hombre en lo que a éste y a su familia se le ocurra. Más que una persona, es un objeto, del cual hay que obtener todo el provecho posible. Por ello, durante su salvaje régimen, entre otras prohibiciones, se restringió la educación de cualquier tipo de las mujeres, expulsándolas del sistema educativo. Reglas que se pretenden mantener en los sectores en Afganistán donde todavía ejercen poder e influencia.
La revista TIME de finales de julio, nos muestra en su portada la foto de Aisha, la joven afgana de 18 años que por huir de su marido donde era objeto de todo tipo de vejámenes por parte de su consorte y de sus suegros ante el temor de morir, fue castigada por un “juez” talibán: Corte de las orejas y de su nariz; la mujer no puede huir de su esposo, al cual hay que servirle como una esclava. La sentencia fue ejecutada por su propio marido, mientras otros la sujetaban.
Aisha, para que el mundo supiera la tragedia de su pueblo ante la posibilidad de un gobierno mixto que incluyan a los talibanes, en la búsqueda de la paz en esa región después de 9 años de conflicto, voluntariamente permitió ser fotografiada. TIME tituló la edición de 31 de julio “Qué pasaría si los Estados Unidos abandonan Afganistán”, que podría implicar un posible retorno talibán al poder. El tema en Estados Unidos, controversial como ninguno por la presencia militar en ese país, ha sido afectado por el cruel relato de Aisha y la impactante foto de la mencionada portada. Según Aisha, temerosa de un arreglo con sus torturadores simplemente dijo “No nos podemos reconciliar”.
La tragedia afgana sigue persiguiendo a las mujeres. Varias escuelas han tenido que cerrar ante los ataques de insurgentes talibanes. Se han reportados casos donde sus soldados rocían de gas escuelas de niñas, envenenándolas para crear terror y alejarlas de la escuela. Costumbre se ha vuelto que el desprecio hacia el género se plasma cuando parejas caminan en territorios minados, donde la mujer es obligada a caminar 6 pasos delante del hombre por si acaso en el camino se encuentra algún explosivo enterrado.
Las persecuciones contra las mujeres no sólo son propias de talibanes. Deben ser combatidas adonde se presenten porque en pleno siglo XXI no se pueden permitir estas deleznables diferencias hacia el género femenino. Ojalá que quienes tanto critican lo que pasa en regiones como Afganistán, se percaten de lo que sucedería allá si las fuerzas militares occidentales abandonan lo que iniciaron en 2001 y en lo que tantos, como la Unión Soviética, habían fracasado antes.
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