La turbidez del régimen policíaco

Por: Redacción 25/09/2017

Es inconcebible lo que en estos días viene acaeciendo. Aplacado transitoriamente el problema de la crisis de justicia vs. Gobierno, quieto por unos días el movimiento docente, demorado por un rato el llamado "Diálogo Nacional", resuelto el problema del pago de décimo tercer mes a funcionarios (1972-1983), parece transcurrir un instante en que se puede respirar.

Los pavores sufridos, las angustias, los peligros debieran haber enseñado a los dirigentes del régimen policíaco todas las lecciones de todos los libros y, sobre todo, una, la de no perder el tiempo. En todos nuestros escritos varios venimos diciendo que, dada la calidad del espíritu público en los tiempos que corren, la mayor demencia es conservar el "statu quo". Lo mismo en lo político que en lo social.

Todos los del régimen temen que un día amanezca nuestra vida pública alterada y removida por mudanzas profundas; y ante estas posibilidades, su ímpetu en la defensa de las viejas maneras y de los sistemas caducos adquiere una elasticidad insospechada. Pero todas las maniobras van perdiendo eficacia.

Ahora advierten que han abusado de todos los trucos y que de pronto empiezan a fallar en sus manos los resortes clásicos de la mecánica política. Y he aquí la confusión, la turbidez y el espanto y el no saber a dónde va esta descartada nave del "régimen policíaco" ni cómo logrará capear los furiosos temporales que han traído los días modernos.

¡El país parece de momento adormecido! Solo entre algunos grupos obreros, estudiantiles y jubilados, donde ha ido a refugiarse la pasión, la santa pasión de la lucha política, surge alguna vez, como una llamada, la inquietud en que vivimos. Pero, a pesar de la calma aparente, la situación de nuestros problemas económicos y sociales es aún peor que antes. No se ha resuelto nada, absolutamente nada. El régimen policíaco ofrece a la vida panameña los mismos problemas, las mismas angustias. El arco continúa tenso. No se da un solo paso hacia adelante en la reforma de la organización social y política de Panamá.

La prerrogativa real se cierne enigmática sobre el futuro y nadie sospecha a estas horas cuáles van a ser los destinos de Panamá dentro de pocas semanas o meses. Es doloroso decirlo, pero en esta progresiva descalificación de los señores y señoras dirigentes de este desgobierno han contribuido sin duda la incompetencia, la codicia, el nepotismo y la turbidez. El desgobierno del señor Varela ha preferido a los mediocres, a los dóciles y fáciles, contentadores de Palacio en vez de reclutar a los más capaces y honestos, firmes y claros servidores de la nación. Poco a poco ha hecho una selección al revés.

Podría decirse que pocos, por no decir ninguno de los altos funcionarios de este desgobierno, inclinan su oído hacia los grandes latidos panameños; no existe la preocupación de un mañana mejor ni el deseo de una alborada feliz. Muy poco importa la corrupción generalizada que se denuncia por doquier porque nos agobia; el desgobierno desestima todo con su acostumbrada "muletilla": que presenten las pruebas"…

En la confusión de este momento abierto a la más acentuada "crisis integral histórica" de nuestra era republicana, pasan haciendo gestos de una graciosa bufonería unos señores y unas señoras turbios, cuyo oficio consiste en llenar de turbiedad la vida panameña.

*Pedagogo, escritor, diplomático.

Edición Impresa

Martes 14 de julio de 2026