La última pieza
Cuando el PRD y la Democracia Cristiana suscribieron el Pacto Meta, en agosto de 2000, el ilustre abogado Carlos Iván Zúñiga decía que “en política nadie sabe con quién bailará la ultima pieza”. Los pactos políticos surgen de necesidades objetivas, de amenazas y temores compartidos. Entonces sucede lo increíble. En el año 2000 Mireya Moscoso había mostrado una acuciosa capacidad de maniobra para controlar el parlamento, y a los viejos y enconados rivales, PDC y PRD, no les quedó otra alternativa que unificar sus bancadas.
Las alianzas son a menudo conceptos dialécticos, que nacen de la unidad y lucha de contrarios, y la actual Asamblea no parece muy distante de esa posibilidad, luego que, “en broma y en serio”, diputados oficialistas hablaran de una eventual reelección de Ricardo Martinelli. El tema da para una agenda más profunda porque pasa por una reforma a la Constitución y los actuales residentes del Palacio de Las Garzas parecen dispuestos a resolver ese problema con o sin sus aliados arnulfistas, tal cual lo demuestra su ofensiva para incrementar el número de diputados de Cambio Democrático, considerando el mercado de tránsfugas. El CD requiere, a estas alturas, de muy pocos parlamentarios para lograr la mayoría absoluta, y perredistas y arnulfistas muerden, por separado, su amargura. ¿Será hora de pensar en bailar la última pieza? A finales de los ochenta, Noriega unificó a la oposición, en el dos mil lo provocó Mireya Moscoso. ¿Irá Martinelli por el mismo camino?
