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La ungida


Patria Portugal ha sido una incansable luchadora de los derechos de su padre desaparecido durante la dictadura militar. Fue así como su voz llegó hasta la CIDH, que ordenó al Estado a reparar el daño a las víctimas y sus familiares.

El estado debió reconocer públicamente su responsabilidad por la desaparición forzada de Heliodoro Portugal y pedir perdón. Nunca pidió perdón aunque otorgó una compensación económica. Portugal fue sinónimo de persistencia y justicia. Mérito que ostentará por el resto de su vida.

Empero, el sabor amargo en esta elección se basa en el fondo y la forma. Escenario que nos recuerda la inmadurez social en materia de independencia que nombra a quienes no incomodarán su gestión.

La figura del ungido(a) provocó un revolcón en la Asamblea que se reflejó con la renuncia de varios aspirantes. Y es que hablar de ungidos repugna, nos restriega en la cara que no tenemos criterio propio, que seguimos la línea cual borregos sin alzar la cabeza.

Antes de entrar a la contienda Patria ya había ganado el puesto. Su trato en el recinto no fue como el de cualquier otro candidato; se dirigió al Salón Chanchoré, después se sentó en primera fila que se abrió para ella y sus acompañantes.

La política se ha impuesto a la esencia, los discursos huecos, el criterio y la independencia no salieron a flote. La bancada de oposición se abstuvo de postular un candidato. Una postura ridícula y falta de contrapeso, carente de escrutinio.

Muy pocos medios hicieron una radiografía de los aspirantes al cargo, casi todos se dejaron llevar por la figura del ungido sin mostrar al resto.

Parece que el único que hizo su trabajo fue el presidente, que dijo quien le gustaba para el puesto, palabras que empañaron a la luchadora dama. Más que empatía con el pueblo, pareciera que Patria conserva empatía con el presidente.