La Universidad
Los estudiosos son claros al respecto: la Universidad debe proveer a su función o misión básica. Por eso, la Universidad debe seguir siendo una comunidad que piensa, una institución formadora, educadora. Ante la situación actual de las universidades, el famoso y experimentado catedrático, José Orlandis, ha dicho: "Urge, pues, remediar el desajuste que existe entre Universidad y sociedad, pero para ello hace falta que la Universidad dé más de lo que hoy da a la sociedad, y que le dé, además, aquello que la sociedad necesita. Es preciso que resulte más útil para satisfacer sus complejas necesidades, sin perder por eso su dignidad intelectual, ni renunciar a la integral formación humanista del alumno, que será siempre su función más noble".
En realidad, lo que la sociedad necesita es precisamente que la Universidad cumpla su "función social", función que consiste en la influencia que tendrá la Universidad en un país, si la Universidad es Universidad, si cumple su cometido. No por tareas accidentales, sino por su propia presencia, esencia y potencia. Claro que las actuales universidades deben dar más, deben dar lo que la sociedad necesita, deben dar "Universidad". Es lo que necesita Panamá hoy día de sus muchas universidades, tanto estatales como particulares.
Universidades que, procurando acertar con su misión, con su función dentro del afán constante por dar el mejor sentido a su existencia, son las instituciones que deben dedicarse al cultivo del espíritu humano, con el fin de formar hombres y mujeres que, por su vocación intelectual, desempeñen con decisión, claridad, honestidad, buen espíritu de servicio y gran sabiduría el papel que le corresponde desempeñar dentro de la sociedad panameña.
Nuestros universitarios, por su parte, deben cumplir su misión fundamental que es estudiar con dedicación y ahínco, lo que significa esforzarse, intelectualmente, por la posesión y construcción de la verdad, del saber, para llevarla luego a los demás y hacerlos libres. Por eso mismo, Panamá espera del universitario que sea un hombre o una mujer libre, porque no teme pensar, porque no se fatiga al investigar, porque le agrada comunicar lo que piensa y siente, porque mira todo, de arriba abajo y de un lado a otro, y ha encontrado su derrotero en la vida, y porque sabe que los hombres y mujeres siempre están a igual distancia de la muerte y porque con su verdad, con su compromiso vital, con su visión certera de lo humano y del mundo y de Dios sabrá llevar el ímpetu de su saber y de su vivir a todos los hermanos en humanidad.
Ya en Panamá hemos madurado lo suficiente como para exigir más calidad en la enseñanza superior o universitaria. Es decir, queremos y exigimos más que universidades de masas, que muchas veces la ponen en manos de un profesorado de muy escasa preparación intelectual y moral. ¡No! Hay que poner un alto a la proliferación de universidades en Panamá, porque una Universidad es Universidad de hecho, y no solo una ficción producto de una Ley o de una Resolución ministerial.
Es tiempo ya de que se resuelva cuál es el régimen legal de la Educación Superior en Panamá. Y la determinación del régimen legal de la Educación Superior o universitaria en Panamá requiere no solo del análisis de las normas fundamentales en la materia, sino de un estudio comprensivo del desarrollo de las instituciones educacionales del país. Panamá, en esta nueva etapa histórica de su condición como Nación, necesita y reclama ¡universidades de verdad!
Es pues, en el cumplimiento fiel de esa función social que hemos definido, en la que se sintetiza la labor de la Universidad y del universitario panameño, es decir, el valor de la verdad en la vida universitaria, la posición del pensamiento en su tarea y el fin último del cometido universitario.
*Pedagogo, escritor, diplomático.