La Universidad de la particularidad
La Asamblea Nacional se propone modificar la ley orgánica de la Universidad de Panamá una vez más –ya hemos perdido la cuenta del número de veces que lo ha hecho- con el sólo propósito de viabilizar la re-elección del actual rector, que es la misma persona, causa y motivo que ha generado todas las modificaciones anteriores en el mismo sentido. Debe sorprender que una institución tan importante para el desarrollo del país haya quedado atrapada en las telarañas de un hombre en particular. Debe causar alarma que sea precisamente sobre los destinos de la educación superior, que se encuentra enquistada una triste farsa de asesores, funcionarios, profesores, y grupos estudiantiles, que como vampiros succionan la sangre del pueblo en la oscuridad de la noche. Pues téngase muy claro que no son pocos los millones de dólares sobre los que está sentado el actual rector, y que esos millones son de los contribuyentes panameños. Se trata de un dinero público cuya razón de ser es elevar la calidad profesional del trabajo, no de expedir certificados de promoción social en beneficio de una masa que no encontrará un empleo bien remunerado porque no llena las exigencias del mercado. Los políticos solo deben proponerse devolver la Universidad a los universitarios, y no hacer las modificaciones legislativas de las que el actual rector y su séquito de asesores piensan seguir viviendo. Estudiantes, profesores y administrativos que contribuyen y han contribuido al rol que debe jugar la institución, no deben tomar esta crítica como desaliento, sino como un problema que merece su atención.
