La universidad y el aparato estatal
Lo que sucede en el país ocurre en la universidad o viceversa. (Asamblea Nacional 2004) Según el artículo 2 de la Constitución Política de Panamá "el poder público solo emana del pueblo y lo ejerce el Estado por medio de los órganos Legislativo, Ejecutivo y Judicial, los cuales actúan limitada y separadamente, pero en armónica colaboración". Similar ocurre en la simbiosis formada por la triada universitaria: estudiantes, profesores y administrativos. Cuando llueve los actos de corrupción en los órganos del Estado, no escampa en la universidad. Entre las venas de las estructuras que conforman estos iguales se infiltró la peor de todas las epidemias humanas, para corromper a todo su tejido social. Su antídoto sobrepasa a los caudillos, tal vez a generaciones completas.
Cuando se trata de clientelismo político las planillas de estas instituciones -en el sentido de Durkheim- se inflan, se intercambian bolsas de comidas, "bonificaciones", kioscos y fotocopiadoras. No faltan los viajes injustificados y los surreales viáticos. La podredumbre de esta práctica política-electorera -que acompaña a estas instituciones- se respira en la burocracia ineficiente de sus oficinas y en la vagancia de sus claustros y despachos. Si nos referimos a nepotismo todo queda en familia. Si hablamos de desvío de capitales se nos ocurren las sociedades "offshore" y las fundaciones.
El patrimonio de la nación ha sido usurpado por una clase dominante (150 familias). No es muy distante en la universidad. Hacer negocios con las arcas de estas instituciones ha sido una constante. Los sobrecostos están en cada una de sus licitaciones. Si es por privatizar la educación aprobamos "colegios y universidades" que falsean la enseñanza, reduciendo su tarea a la emisión de certificados y licencias vacías. Cuando hablamos de engaños, demagogias e improvisaciones nos inventamos escuelas, departamentos, carreras y políticas públicas sacadas de una caja de cereal que responden a nada.
Si encontramos cierres de calles no faltarán los falsos positivos o teatros en el modelo de dramaturgia que Goffman le da a -ciertas- relaciones sociales. Si hablamos de represión y persecución siempre será al pueblo y al pensamiento crítico.
Todo este entramado de corrupción no ha podido contaminar a las mayorías, sus síntomas se encuentran en posiciones claves. Faltará organización y trabajo para transformar la realidad que somete a estas dos instituciones (Estado y la universidad).
Estudiante de Sociología, Universidad de Panamá.