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La utopía radica en el horizonte

Por: Redacción 01/09/2015

Tenemos que volver a nuestras raíces. El mundo debe concentrarse en vivir en sociedad, en atender a las personas más vulnerables, en comprender el abecedario del corazón para contribuir a una vida más auténtica y desprendida. Con frecuencia, Naciones Unidas nos llama la atención sobre la represión sistemática y la violación constante de los derechos humanos. Estos desajustes sociales casi siempre parten de poderes que gobiernan con arbitrariedad e impunidad, sin miramiento alguno por el ser humano, al que se le desmotiva hacia una falsa conquista de un bienestar que no es tal, puesto que cada día somos más esclavos de nuestras propias contrariedades. Por desgracia, lo hemos concentrado todo en el individuo, cuando el horizonte es comunitario y la grandeza de un bienestar moral es cuestión global.

Indudablemente, necesitamos tener horizontes por los que vivir, por los que luchar, es nuestra gran esperanza, en un mundo que por su naturaleza es tremendamente imperfecto, pero va a ser nuestro coraje y nuestra ética lo que va impedir que las cosas no tengan un final perverso. Tenemos que hacer todo lo posible por aminorar los sufrimientos en un mundo espantosamente permisivo, ocupado y preocupado por grandezas absurdas, en lugar de mostrar la mano tendida hacia aquellos que a diario se ahogan en el miedo ante nuestra indiferencia.

Los países deben analizar individualmente el riesgo de tortura que sufren algunas personas migrantes y no deportar a nadie a un lugar donde corra el peligro de sufrir persecuciones o tormentos. Por desgracia, no solo se viene produciendo un deterioro mundial de la convivencia, también soportamos una degradación del mismo ser humano, al que se le impide muchas veces, no solo transitar por el mundo, sino vivir y poder desarrollarse.

Cada día son más las fronteras y las barreras que nos trazamos unos contra otros, y mucho me temo que esto va en aumento. Es verdad que todo está interconectado, pero todo está asimismo dañado por una visión excluyente que margina y no ampara, aunque sabemos que toda sociedad tiene la obligación de defender y promover el bien colectivo. Ahí están los muchos deberes por hacer. Aún no hemos erradicado la miseria porque no hemos querido. Nadie asume responsabilidades. Nos amenaza la tempestad. Trabajemos, pero de otra manera; a mi juicio, más coordinados y con menos venganzas. Este es el único remedio que se me ocurre para el mal de este siglo.

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Viernes 31 de julio de 2026

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