La vejez y sus efectos
La existencia opera como un equipo hecho recipiente de voluntades, constituido por hábitos, habilidades y actitudes que nos impulsan en dirección hacia la conquista de lo desconocido, teniendo al tiempo como vengativo inquisidor.
A través de los momentos de soledad mental y en obediencia al monólogo íntimo, he podido arribar a una concepción final, la naturaleza procede con el ser humano sosteniendo un porcentaje elevado de infidelidad, cierto día nos dispone a recibir el aliento en forma de soplo saludando el día, luego lo elimina sin atender súplicas ni ruegos en poder de la oscuridad.
Son lamentables las experiencias experimentadas en este periodo de declinación personal, donde lo más emocionante de la existencia se desploma en los predios del olvido y, el valioso poder retentivo que nos hizo grande en el pasado, también escapa para no volver jamás. Y aquellas alegrías incomparables e inevitables, lógicamente se despiden diciéndonos adiós con todos los atributos característicos de un viaje sin retorno.
Aquí el pensamiento con sus amplios poderes de cavilación que nos otorgó prominencia, ejecutando la profunda misión del diálogo interior revelador de los extraños dotes precursores de los actos envidiables, pudo brindarnos en los años mozos nuevas evidencias de los halagos abundantes portadores de las ansias vigorosas, esa perfección ejemplar distintiva de la personalidad innata del individuo.
ES URGENTE REVISAR LA METODOLOGÍA DEL SISTEMA COMPENSATORIO DE LOS JUBILADOS, YA QUE LOS MISMOS SE ENCUENTRAN A AÑOS LUZ, COMPARADOS CON EL PRECIO DE LOS PRODUCTOS PRIMARIOS EN LA ACTUALIDAD.
El tiempo ha cumplido el rol de incesante centinela, procediendo con sobrada exquisitez contribuyendo con las sobresalientes épocas de la adolescencia y la juventud, espacios de amores cariñosos, dilectos periodos en los que se palpa la nobleza y exaltada elevación del alma con las ternuras mancomunadas de sentimientos especiales, entrando luego en los predios de los terribles escarmientos muy particulares de los aprietos sin restricciones.
Me limito a calificar en términos muy específicos que aquí en nuestro país no se le dispensa al hombre provecto los honores que al paso de los años se ha ganado, con el aporte del granito de arena en el portento edificio constitutivo de la patria. En nuestro caso, ya viejos, cansados de laborar, me es preciso confesar que he sembrado en el desierto y arado en el mar sin que nadie se haya inclinado a decirme que lo realizado es bueno o malo. Y así terminamos enamorados del mito. Tal vez algunos por carencias de estricto cultivo cultural no han podido acreditarse los poderes de calificar, expresando los conceptos indicativos interviniendo con el empuje colectivo y decisivo en la vida republicana.
Hoy, esos pobres bagajes abandonados de garantías adolecen de los virtuales discernimientos, en los que el pensamiento repta cerrando el espacio para la prosperidad del talento. En nuestra juventud fuimos confiscados por la generosa aptitud, practicando los hábitos morales que pudiesen permitir el éxito como único recurso para descubrir el triunfo.
Cursando el pasado pensamos siempre que el estudiar era la acción de una fuerza funcional interna, en la que la voluntad estimula al individuo para resolver la tarea intelectual que nace con nosotros promovida por la concepción racional y objetiva respondiendo al ser y su entorno. De un lado el deseo de conocer en formación de la unidad singular, llegando al aceptable sentido de la realidad con especialidad a la concreta vida humana y a los bienes con sus derechos. Estudiamos sin incentivos y empujamos la rueda alada del progreso. Luego de trabajar tanto acaecen las jubilaciones, encargadas de recuperar los momentos de ocios, ayunos, de aliento donde los instantes agradables jamás los podremos rescatar, episodios lamentables sucesivos con perfecta vaguedad.
Es urgente revisar la metodología del sistema compensatorio de los jubilados, ya que los mismos se encuentran a años luz, comparados con el precio de los productos primarios en la actualidad. Para recibir aumentos de los jubilados no nos debemos exponer al sol, tampoco recibir aguaceros a la intemperie. Unos piden privilegios, otros pedimos ajustes para las estrechas jubilaciones en el país de las concurrentes desigualdades habituales.