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La verdad versus la mentira



Cristóbal Silva

opinion@epasa.com

Los ciudadanos de este país estamos atrapados en un laberinto diario desde que nos levantamos de la cama en las mañanas hasta irnos a dormir en las noches. Basta encender el televisor o abrir los periódicos para enterarse de las noticias y entramos en un mundo de confusión, lleno de mentiras y medias verdades y en contados casos de algunas verdades.

Nos encontramos con varias glosas insustanciales, comentarios mal intencionados, noticias redactadas con un sentido transfigurado, mentiras y muchos otros males que a algunas personas les causan intranquilidad, desgano y decepción. Por eso, ya muchos no leen periódicos y optan por no sintonizar los canales de televisión identificados con noticias perniciosas y mentiras. ¿Nos merecemos ser sometidos a este suplicio de la desinformación deliberada? ¿Y por qué es desagradable la mentira?

Mentira es la falta de verdad o tergiversación de la misma con fines de evitar una sanción, hacer daño, obtener un “beneficio”, como lograr el aprecio de otro. Se dice también para ocultar una realidad dolorosa o vergonzosa, o simplemente se dice por hábito y es realizada deliberadamente. El que miente habitualmente se llama “mentiroso” o mitómano.

Las mentiras pueden ser totales o parciales y se puede dar por omisión cuando se oculta la verdad en todo o en parte. La mentira es moral y religiosamente reprochable, y jurídicamente puede constituir un delito.

La tradición ética y los filósofos están divididos sobre si se puede permitir a veces una mentira, pero generalmente están en contra: Platón decía que sí, mientras que Aristóteles, San Agustín y Kant decían que nunca se debe permitir. En el cristianismo el mentiroso es el diablo, Dios no miente, y manda a sus hijos a no mentir.

Que las mentiras desaparezcan es virtualmente imposible. Es por esto que diariamente estamos expuestos a falsas denuncias, calumnias, tergiversaciones, injurias e insultos políticos.

Ingeniero.