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La verdadera causa de una victoria electoral en Panamá

Por: Redacción 19/12/2013

Guillermo A. Ruiz Q. /Ingeniero y analista político. (opinion@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Juan Carlos Navarro es uno de los mejores políticos que he conocido haciendo campaña política. Tiene la capacidad de conocer a una persona y, aunque no la vea en meses, puede saludarla nuevamente por su nombre y hasta preguntarle por sus familiares. Esa es una característica que asombra a más de uno y lo hace cercano a la gente. También tiene una excelente capacidad para acercar a los incrédulos a una conversación sobre el futuro político del país. Es una persona reconocida internacionalmente y muy pocos le pueden discutir que es perseverante y paciente.

LA DEBILIDAD DE NUESTROS PARTIDOS POLÍTICOS COMO ORGANIZACIONES ELECTORALES, HACE QUE LAS CAMPAÑAS PRESIDENCIALES SE CONVIERTAN EN UN FESTIVAL DE CLIENTELISMO POLÍTICO QUE SE INICIA, INCLUSO, DENTRO DEL PROPIO PARTIDO.

Juan Carlos Varela es un empresario exitoso. Tuvo la capacidad de esperar su momento para desplazar del liderazgo de su entonces alicaído partido a la mismísima Mireya Moscoso. Es uno de los más inteligentes estrategas de logística a la hora de mover electores. Lo hizo para Alberto Vallarino y para el propio, entonces candidato, Ricardo Martinelli. Conoce al detalle el país y está muy conectado tanto con el sector empresarial como con los trabajadores.

Así las cosas, ¿Qué es lo que pasa que los candidatos de oposición están rezagados en las encuestas, por no decir empantanados?

Mi teoría parte de un problema muy desarrollado por analistas políticos en nuestro país. La debilidad de nuestros partidos políticos como organizaciones electorales, hace que las campañas presidenciales se conviertan en un festival de clientelismo político que se inicia, incluso, dentro del propio partido.

La muy sana idea de realizar primarias para elegir candidatos presidenciales, agota financieramente a los partidos de oposición, debido a que se han llenado de personas que solo ven al partido como una fuente de ingresos cuando no se está en la planilla estatal. De ahí que, cualquiera que logre inscribir más de cien personas a un partido político en cualquier punto del país, se siente con el derecho de ser tomado en cuenta a la hora de repartir el pastel económico de la campaña.

Esto obliga a los contrincantes por la presidencia en las primarias a descuidar las ofertas electorales para con los ciudadanos no inscritos en el partido, que impávidos, ven la lucha fratricida intestina hasta que quien más dinero tenga, finalmente gane su candidatura presidencial.

Luego viene ese periodo de tiempo en el que el ya candidato debe recorrer todo el país. Y no precisamente para difundir sus propuestas. Más bien para escuchar la catarsis interna de los vencidos, así como para “recoger los heridos” del torneo electoral interno, que seguramente, seguirán exigiendo ser parte de la estructura de campaña para que les toque su “salve”.

Todo lo que usted ha leído hasta ahora sucede en un periodo de casi dos años. Así que, para cuando el partido político se alinea al candidato, finalmente faltan 18 semanas para las elecciones, a las cuales hay que, en esta ocasión, dejar de lado el aniversario 50 del 9 de Enero, los carnavales y la Semana Santa.

No hay forma que los electores, sobre todo nosotros los panameños, que nos cuesta aparentemente muchísimo eso de leer, podamos comprender a conciencia una propuesta de plan de gobierno seria.

Así las cosas, quedamos como rehenes de las campañas de marketing de los candidatos. Y como ya saben, eso es una ruleta rusa. El presidente ya electo decide qué hace y qué no hace, independientemente de cuántas veces juró antes que iba a cumplir todas sus promesas.

Por todo lo anterior, los candidatos de oposición nunca ganan las elecciones. La verdad es que desde 1994, los que ganan son el resultado de los errores del gobierno de turno y sus partidos de gobierno.

Como todos los presidentes han cometido errores que le han costado desgaste, los opositores solo deben hacer lo mínimo. A pesar de todo lo anterior, esta vez las cosas, al menos por el momento, no han sido como siempre. El Gobierno Nacional y los partidos que lo apoyan han cerrado filas con su candidato, José Domingo Arias. Un profesional del que casi nada se conoce, pocas personas han trabajado con él en temas políticos y cuya experiencia en estas lides es mínima. A su favor está el no tener ninguna etiqueta negativa. Y precisamente este último punto es el que ha explotado con éxito, repito hasta ahora, sus estrategas de campaña.

¿Pueden cambiar las cosas? Posiblemente. Eso sí. El Gobierno y sus partidos aliados deben comprender bien que tienen en sus manos su derrota o victoria. Solo ellos y nadie más.

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Lunes 10 de agosto de 2026