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La vida entre balaceras


Aunque parezca un chiste las balaceras parecen que forman parte de la vida cotidiana de muchos panameños.

En algunas zonas residenciales escuchar detonaciones a cualquier hora del día no es algo extraordinario. Algunos ciudadanos hasta se acostumbran.

Hace unos días un menor de edad, supuesto integrante de una pandilla, sacó su arma automática en una parada repleta de estudiantes y ciudadanos decentes que esperaban su bus.

En un abrir y cerrar de ojos una tarde normal quedó convertida en una lluvia de balas. Los agentes de seguridad de un centro comercial habían atendido varios asaltos a mano armada en pocas horas y cuando vieron al menor con un arma no dudaron en reaccionar.

Mientras este menor delincuente huía los agentes desenfundaban sus armas y disparaban contra el pandillero. El intercambio de disparos duró varios minutos.

Centenares de estudiantes corrían de un lado al otro, mientras otra multitud trataba de refugiarse.

Durante las próximas horas se realizaron operativos en el sector hasta lograr detener al delincuente. Muchas personas pasaron el susto de sus vidas y temieron por su seguridad.

Un día después en la concurrida Calle Uruguay se reportó otra balacera en plena vía.

En este caso también habían muchas personas, entre ellas turistas, que salieron a divertirse y pasaron un mal rato.

Todo quedó grabado en un video que recorrió los medios, gracias al programa Mi Panamá Transparente. A pesar que existían pruebas las autoridades no han revelado qué sucedió.

En las imágenes se observa como un patrulla atiende la novedad y se retira del área con los supuestos gatilleros. El reporte nunca se oficializó.

Es triste que la ciudad viva en esta situación. En las calles transitan más gente buena que mala y las balas no tienen nombre.