La vigencia individual del sueño americano expresada en el voto
En este mundo globalizado, en el que la tecnología que nos acerca de manera informática, nos distancia también en forma anímica; en este mundo que se hace pequeño por la tecnología, pero cada vez más distante en su humanidad; en el que el individuo parece haber perdido su voz, diluida y dispersa por el consumismo y la desarticulación de la familia tradicional, por el surgimiento de otros supuestos modelos de liberalidad hogareña; en el que, en apariencia, se había perdido el espíritu del logro y del heroísmo individual, parece cobrar vigencia nuevamente una tendencia por recuperar el poder de decisión, que fue el resorte que impulsó el espíritu de grandes naciones desde sus propios inicios. Todavía parece existir el gran sueño norteamericano, que fuera legado por los padres de la democracia, y portado como antorcha por grandes individuos que, con humildes comienzos, llegaron a la realización de enormes conquistas para toda la humanidad.
Hoy vemos en Estados Unidos un presidente electo que ha sido producto de una voluntad colectiva que no se ha dejado influenciar por los grandes talentos, que no se ha conducido en su voto por las luminarias intelectuales de ese país. Una voluntad que, por lo visto, no fue doblegada por el peso de aquellos que pensaban tener una rienda sobre la opinión pública y que levantaron el látigo del insulto contra todo aquel que osara expresar una opinión distinta a la que supuestamente debía prevalecer dentro de ese sistema.
Hoy vemos que, al margen de quien haya sido electo, los electores expresaron una tendencia clara que marca la posible recuperación de su libertad de elegir y se declaran señores de su propia opinión. Burlados, denigrados como alfombras de antesala de puerta, han quedado las encuestas y los encuestadores, ante una voluntad colectiva que ahora solo se expresa en silencio y mediante el propio individuo. Es esa expresión, precisamente, la más clara enunciación de la vigencia del sueño norteamericano.
Abogado