La visita de Clinton a Panamá
William Jefferson Clinton. Presidente de Estados Unidos en dos ocasiones. Se le reconoce por dejar un superávit de 60 mil millones de dólares y una aprobación de su gestión del 68%, la más alta para unpresidente de ese país desde la Segunda Guerra Mundial. Sobre Clinton podríamos escribir muchas otras cosas: su aparición repentina como saxofonista en el programa de Arsenio Hall, su revelación inaudita de que nunca inhaló marihuana, su interpretación escandalosa de lo que es una relación sexual y su declaración increíble bajo juramento.
Pero el presidente estadounidense, independientemente de su experiencia como gobernante o como hombre mundano, siempre ha llamado la atención por su capacidad y visión. Debo confesar que aunque han pasado varios años desde su salida de la Casa Blanca, considero que su liderazgo aún permanece intacto. Recuerdo haberlo escuchado en una conferencia del World Business Forum en Nueva York en el año 2004, con el tema “Seguridad Global y Prosperidad: Interdependencia entre Países”. En aquella ocasión quedé favorablemente impresionado por su don de comunicación, y por eso busque los medios esta vez para volverlo a ver aquí en Panamá.
No me interesa lo que haya acordado con Martinelli o conversado con el alcalde Vallarino. Leí en los periódicos que estuvo en el Casco Antiguo y visitó el Canal de Panamá. Para mí, lo más importante es lo que dijo en el Hotel Riu: la principal prioridad de los seres humanos es enfrentar y administrar el cambio climático.
No cabe duda, por la forma en que Clinton lo planteó, que nuestras vidas penden de un hilo porque todo, absolutamente todo, será cambiado como resultado de las emisiones de gases de efecto invernadero, las cuales se estima producirán un calentamiento de la temperatura global de 1.8 grados C a 4 grados C para el año 2012, aunque se prevé que el impacto será mayor hacia los polos y en las zonas continentales interiores.
Aquí en Panamá, el cambio climático ya impacta a la agricultura. Las sequías en el Arco Seco y las inundaciones en los llanos de Chepo no son más que el reflejo del descontrol que existe con respecto a las emisiones de gases y el nivel de dióxido de carbono en la atmósfera.
A pesar de que los efectos están tan cerca, la idea del cambio climático aún no lo registra la mayoría de los panameños. Para muchos, éste es un tema que debiera discutirse en la ONU o allá en la Haya, no acá en el trópico. Pero la realidad es que el cambio climático ya está afectando a todos por igual. Por ejemplo, las altas temperaturas en Europa podrían estar provocando un incremento de patógenos y micotoxinas en toda la cadena alimentaria, condiciones climatológicas que favorecen el crecimiento de la Salmonella y la E. coli enterohemorrágica. Igualmente, los cambios en las condiciones ambientales en los Estados Unidos y demás países influyen en las olas de calor y las fuertes precipitaciones, aumentando la actividad de ciclones, tornados y huracanes.
Lejos de ser una cuestión meramente ambiental, el cambio climático tiene una profunda repercusión económica, social, política y sanitaria. Los agricultores dependen totalmente del clima para la producción de alimentos, y no importa con cuánto capital o con qué calidad de semilla cuenten, si el clima no los favorece no habrá suficiente producción. Además, las pérdidas en el campo provocan el abandono definitivo del sector y contribuyen a empeorar aún más las perspectivas de supervivencia de la raza humana.
Necesitamos, como dice Bill Clinton, una política ambiental de desarrollo con visión de largo plazo y una gestión gubernamental que administre las cosas del planeta. Panamá no está ajena a los vaivenes del cambio climático, y si no hace su parte de forma responsable, pagará cara su indiferencia. Por tanto, es vital actuar de inmediato, y un primer paso es dar más apoyo y mejorar las instituciones que cuidan el ambiente.
Empresario.
