La xenofobia no es parte de nuestra cultura
El otro día leía en un medio extranjero sobre la discriminación que sienten los colombianos en muchos países, llegando a tildar el tema de sentimiento anticolombiano. En el pasado reciente, me he referido al tema en estas columnas, pero ahora quiero plantear algo diferente. Mi teoría de una situación que me parece inédita en nuestro país.
Comenzar a escribir la historia de los que llegan a nuestra tierra en busca de nuevas oportunidades es necio. Creo que todos, salvo algunos pueblos originarios, somos descendientes de un extranjero en primera, segunda o tercera generación. Y digo algunos originarios, porque si se van a las investigaciones que en vida realizó la Dra. Reina Torres de Araúz, se darán cuenta de que al menos uno de nuestros grupos se mudó a nuestro país en su momento.
EN ESTE PAÍS, MUSULMANES Y HEBREOS HACEN NEGOCIOS, SUS HIJOS VAN A FIESTAS JUNTOS, TIENEN INTERESES POLÍTICOS Y COMERCIALES DEFINIDOS. ES MÁS, EL GABINETE MINISTERIAL DEL PRESIDENTE JUAN CARLOS VARELA CUENTA CON AL MENOS UN MUSULMÁN Y UN HEBREO. ACÁ EL CONFLICTO DEL MEDIO ORIENTE SE VE SOLO EN LA TELEVISIÓN.
Chinos, antillanos, africanos, europeos, sudamericanos, norteamericanos... Todos han llegado a nuestras tierras en los últimos 150 años y la han hecho suya. Por décadas se nos ha hecho normal convivir con personas originarias de otras tierras y los hemos adoptado y apoyado.
Panamá tiene características especiales con quienes vienen de otras latitudes. En nuestro país se edita el único periódico en mandarín de Latinoamérica. La comunidad china cuenta con programas de televisión y hasta emisoras de radio. Otro caso es el peruano. Más de 28 restaurantes, cuyos dueños son de ese origen, existen en nuestro país.
Sobre lo anterior, les doy un dato más: cada año de mundial de fútbol observarán que todos los equipos que participan tienen un restaurante oficial donde los que apoyan a su equipo se pueden reunir. Es curioso el ver que tenemos restaurantes con croatas, eslovenos, serbios y hasta africanos. Ni hablar de los más conocidos.
Entonces, un buen día, una periodista venezolana aparece, quizás por error, señalando que en Panamá hay xenofobia contra sus connacionales. Más allá de la confusión generada por el hecho, la verdad puntual es que, como les ha pasado a varios, la profesional de la comunicación mencionada avanzó sobre un terreno desconocido y la pasó mal.
Pero entrando en el hecho general, este tema de que en Panamá hay xenofobia contra los venezolanos y colombianos es increíblemente ridículo. En este país, musulmanes y hebreos hacen negocios, sus hijos van a fiestas juntos, tienen intereses políticos y comerciales definidos. Es más, el gabinete ministerial del presidente Juan Carlos Varela cuenta con al menos un musulmán y un hebreo. Acá el conflicto del Medio Oriente se ve solo en la televisión.
Hasta el Dr. Belisario Porras, todos nuestros presidentes habían nacido en Colombia. El barrio de Curundú, para los que no saben, se origina de una ya muy lejana migración de colombianos del área del Chocó a nuestra ciudad. Tengo en mi memoria claramente las últimas dos migraciones de cubanos a nuestro país. Es más, de la última, nace el negocio de la venta en los semáforos, actividad que los panameños no realizábamos hasta entonces.
En el caso colombiano es cierto que hay un tema de criminalidad y de trata de personas que, además de histórico, es recurrente. Pero yo no recuerdo ya desde cuándo convivimos con eso. Incluso, puedo asegurar que las intenciones y calidad humana de la mayoría de los colombianos que en las últimas décadas han decidido hacer de nuestro país su lugar de residencia son la mejor y en su mayoría son personas trabajadoras, que vienen por una vida mejor y con buenas intenciones.
Los venezolanos que llegaron a nuestro país en los primeros grupos casi pasan desapercibidos. De hecho, hay algunos que se han asimilado tanto que muchos no se dan cuenta, por el nivel de compenetración con la sociedad panameña que tienen. Es cierto que hay un pequeño grupo, quizás el más reciente, que no ha asimilado muy bien el tema de migrar y, de alguna manera, no ha sido cómodo para los locales.
Y aquí mi teoría. Creo que este tema del rechazo a los venezolanos y colombianos es parte de una operación psicológica, llevada a cabo por personas de esas mismas nacionalidades pagadas y entrenadas para cultivar este sentimiento. Me parece que trabajan para desmoralizar a los migrantes en nuestro país. No es normal la situación y casi no tengo dudas de que es planificada. Los panameños no debemos caer en la manipulación de quienes, desde muy lejos, pretenden indicarnos a quién aceptar y a quién no. Rechacemos el odio y la intriga que por motivos políticos, estoy casi seguro, se originan fuera de nuestro país.