Lamentable
Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) se resisten a dejar las armas y buscar una salida pacífica al conflicto armado que mantienen desde hace años con el Gobierno.
A pesar de que sus principales figuras fueron abatidas y su capacidad operativa se ha reducido, todavía mantienen su posición radical. Si bien es cierto que las FARC nacieron con principios revolucionarios, hoy viven y financian sus actividades de los dineros del narcotráfico y secuestros.
Cada kilo de droga que trafican estos grupos pasa por Panamá. Las costas y montañas de Darién sirven para cubrir sus actividades ilícitas.
En la medida que las guerrillas pierdan fuerza y su poder se vea disminuido, se reducirán los efectos colaterales que deja el narcotráfico en países como Panamá.
Ambos gobiernos han tocado el tema, calificado como sensitivo en todos los registros oficiales.
Desde Darién hasta Paso Canoas el narcotráfico, impulsado por grupos como las FARC, solo deja a su paso una estela de problemas de seguridad.
Ejecuciones, tumbes de droga, guerra entre pandillas y otra clase de delitos graves son causados por el narcotráfico. Sin considerar los altos índices de consumo de drogas en los países.
Panamá debe alzar su voz, la paz debe regresar a las zonas en conflicto. Panameños humildes sufren los embates de ese conflicto ajeno, pero con un impacto directo a otro lado de la frontera.
Las negociaciones de paz deben abrirse, es el momento para mediar y terminar con la guerra. Aunque es evidente que los guerrilleros se resistirán a dejar a un lado su mejor negocio que es la droga. Mientras eso sucede, el Gobierno colombiano ha sido muy claro en su política de cero tolerancia que le ha dado buenos resultados en los últimos años.
