Lamentable espectáculo
La declinación del viceministro de Trabajo, Luis Ernesto Carles, a su postulación como Defensor del Pueblo solo demuestra una cosa: la designación está minada por egoístas intereses políticos.
Y no es que Carles fuera el mejor candidato para este puesto. No se trata de eso. Su declinación deja en evidencia la pugna interna que existe en el oficialismo para la designación del nuevo "ombudsman".
Sin importar la preparación académica ni la ejecutoria pública de los candidatos en defensa de los derechos humanos, nuestros políticos están enfrascados en una lamentable lucha de intereses.
Una vez más juegan con los derechos del pueblo. Si el "ombudsman" le debe su nombramiento a los políticos de turno, ¿quién defenderá entonces al pueblo? Es hora ya de que cambiemos el método de elección para tener algún día a un verdadero defensor del Pueblo.
