Lamentables tragedias y nefastos oportunistas
En vísperas de lo que aparenta ser un abierto e interesante debate sobre aumentar los controles a las armas de fuego, lo único positivo de la espantosa tragedia en Newtown, Connecticut, Estados Unidos, vemos con esperanza que esta sea la última tragedia en la que un tirador solitario y suicida se abalanza sobre una multitud de civiles indefensos, acto nihilista de venganza contra la sociedad que no tuvo cuidado de atender a estas personas con serios desequilibrios mentales y que, además, les permitió acceso a las herramientas de muerte que son los fusiles de asalto y cargadores de alta capacidad.
Estos atacantes suicidas han sido estudiados durante años y comparten muchas características con los terroristas suicidas, que aunque justifican sus actos en nombre de alguna torcida ideología que requiere vidas humanas para triunfar, son perpetrados por personas que son víctimas de una tríada de factores entre los que encontramos trastornos siquiátricos y sicológicos de fondo (autismo, asperger, síndrome de estrés postraumático, depresión, ansiedad, etc).
En segundo lugar, tenemos un profundo sentimiento de victimización. “Alguien arruinó mi vida” ; en el caso de los terroristas, es algún gobierno y en el caso de los asesinos en masa es la sociedad, mis compañeros de trabajo, mi familia, mis compañeros de la escuela y otros más. Este sentimiento, por supuesto aumentado por la enfermedad mental de fondo.
Y por último, un deseo de alcanzar fama y reconocimiento; cosa que es evidente en el terrorismo que ataca mercados llenos de civiles, lanza misiles sobre ciudades o ataca a mandatarios y figuras. A los atacantes de Columbine y de Georgia Tech se les encontró en sus documentos, que de cierta manera lo hicieron para figurar y llamar la atención; y ¿qué otra cosa llama la atención más que asesinar a un montón de adultos? Aparentemente, asesinar a un montón de niños en una escuela; pero ya eso es especulación, pues el autor de esta masacre no dejó notas suicidas, tenía una presencia mínima en el internet y destruyó sus dispositivos electrónicos.
Estos atacantes, tanto terroristas como solitarios son, en su enorme mayoría, hombres jóvenes, desempleados, que comparten estos 3 factores de riesgo. En estos momentos en Panamá, según las estadísticas oficiales, hay 277, 433 panameños y panameñas entre 15 y 29 años que no estudian, no trabajan y que son básicamente la cantera humana de donde salen los delincuentes. Ahora imaginémonos por un segundo que entre estos jóvenes hay alguno con los factores de riesgo que acabo de mencionar y podríamos tener una bomba de tiempo en estos momentos en nuestro país a punto de explotar en algún centro comercial, escuela o lugar público.
El segundo punto de este artículo es ver cómo personas inescrupulosas, a pesar de la gigantesca cantidad de investigación, evidencia, etc., usan estas tragedias para promover su agenda político-religiosa-pseudoliberal. Mentiras como “si los maestros hubieran tenido armas, pudieron haber defendido a los estudiantes”, argumento inútil, pues ningún tiroteo ha podido ser evitado por un héroe que tumbó al agresor como pasa en las películas.
El hecho de que no se discrimine a los homosexuales, minorías, extranjeros, judíos, también es usado como argumento por estos oportunistas para asignar culpas de las causas de estas tragedias, a pesar de que no tienen nada que ver. Obama tiene la culpa, el Gobierno tiene la culpa por meterse en la vida privada, es culpa de que en las escuelas no se obligue a los estudiantes a rezar y estudiar la Biblia, y un largo etcétera; usado por fanáticos religiosos, políticos extremistas y lobistas proarmas, que no aportan soluciones, sino que hasta producen más odio y resentimiento que a su vez producirá más tragedias como esta.
Solo podemos esperar que sea la última vez que esto ocurre.
Doctor.