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Larga espera


Cinco meses han transcurrido desde que los moradores de 74 comunidades en el distrito de Chepo perdieron sus casas y sueños en las inundaciones del pasado mes de diciembre.

La fuerza del agua golpeó con tal magnitud, que decenas de viviendas, iglesias, escuelas y áreas de producción desaparecieron del mapa por varios días.

A la fecha, los afectados por este desastre siguen esperando a las autoridades, que solo se aparecen esporádicamente por el área para anunciar respuestas que aún no llegan.

Mientras el tiempo pasa, los damnificados, muchos de ellos niños y adultos mayores, siguen viviendo en albergues, donde lo único que separa a una familia de otra es una sábana.

En la tragedia, provocada por la naturaleza, al parecer, también influyó la mano del hombre.

De acuerdo con las investigaciones que adelanta el Ministerio Público para determinar responsabilidades, la verdad empieza a salir poco a poco.

Peritos del Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales han revelado que la empresa AES, que administra la Planta Hidroeléctrica de Bayano, incumplió el protocolo de vertimiento que se estableció en el Plan de Acción de Emergencia.

Afirman que las compuertas de la represa no fueron abiertas por sus operarios en el plazo que indica el protocolo.

La postura de la compañía es totalmente diferente, pues destaca que, durante los dos días de llivia, mantuvo una buena coordinación con el Sistema Nacional de Protección Civil, lo que ayudó a evitar pérdidas humanas.

Las averiguaciones del Ministerio Público para deslindar las responsabilidades civiles por este hecho avanzan poco a poco; sin embargo, las miles de personas siguen esperando que se ponga en práctica un plan integral que los saque de la marginalidad en la que se encuentran.

Una región tan productiva para el desarrollo del país no puede estar viviendo de limosnas. Tras la tragedia, es hora de que todos nos volquemos a ayudar sin politiquería barata.