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Las barbas del vecino

Por: Redacción 20/08/2014

El Tratado de Promoción Comercial (TPC) entre Panamá y los Estados Unidos constituye un documento cargado de promesas. Es así que en su preámbulo se propone como objetivo “crear nuevas oportunidades para el desarrollo económico y social”. En este también se formula la meta de “contribuir al desarrollo armónico”, en un ambiente en el que se busca “crear nuevas oportunidades de empleo” y “proteger y hacer efectivos los derechos fundamentales de los trabajadores”. A esta intención de “mejorar las condiciones laborales y los niveles de vida” se adiciona la finalidad de “proteger y conservar el medioambiente”.

A FIN DE PROYECTAR LOS EFECTOS REALES QUE PODRÍA TENER SOBRE NUESTRO PAÍS LA IMPLEMENTACIÓN DEL TPC, RESULTA PRUDENTE RECURRIR A LA EXPERIENCIA POR LA QUE HAN PASADO OTRAS NACIONES CON LA APLICACIÓN DE ACUERDOS SIMILARES.

El gobierno recientemente instalado comparte plenamente la idea de que el TPC constituye un efectivo instrumento de desarrollo para el país. Se trata de un hecho que no solo se evidencia en la composición del nuevo gabinete. También se manifiesta en el plan de gobierno propuesto por la alianza “El Pueblo Primero”. En efecto, en su objetivo 3.2, este documento plantea, entre otras cosas, adoptar medidas “para el fortalecimiento de la competitividad del sector agropecuario… que permitan cosechar las ventajas del TPC con los Estados Unidos y otros socios comerciales”. Más adelante, en un argumento redactado de manera contradictoria, se presenta la idea de continuar “con la negociación de los tratados de libre comercio con nuestros principales socios, y en particular con aquellos países que ofrecen oportunidades para los agentes económicos locales, pero asegurando la protección de la industria y los productores locales” (sic).

A fin de proyectar los efectos reales que podría tener sobre nuestro país la implementación del TPC, resulta prudente recurrir a la experiencia por la que han pasado otras naciones con la aplicación de acuerdos similares. Para esto, resulta sumamente útil la reciente investigación de Mark Weisbrot, Stephan Lefebvre y Joseph Sammut, publicada con el título “¿El TLCAN ayudó a México?”.

De acuerdo con esta publicación, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que entró a regir en enero de 1994, ha tenido un efecto desalentador en términos del crecimiento de México. Se destaca así que para este país, entre 1994 y 2013, el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) por persona alcanzó una tasa de apenas 0.9% en promedio anual, de manera que durante todo ese periodo este indicador solo alcanzó un crecimiento acumulado del 19.0%. Se trata de una cifra que contrasta con lo ocurrido para el conjunto de América Latina excluyendo a México, donde el crecimiento total del PIB por persona durante el mismo intervalo temporal fue de 35.4%.

DE ACUERDO CON CEPAL, MIENTRAS QUE EN ESE PERIODO (ENTRE 1994 Y 2013), LA POBREZA BAJÓ EN 20 PUNTOS PORCENTUALES EN AMÉRICA LATINA, EN MÉXICO SOLO LO HIZO EN 8 PUNTOS PORCENTUALES.

De acuerdo con la publicación citada en el año 2000, el 52.3% de la población mexicana se encontraba en condiciones de pobreza, cifra prácticamente idéntica al 52.4% observado en 1994. Todo esto ha significado, dado el crecimiento demográfico observado, la presencia de 14.3 millones de pobres adicionales. La situación no resulta mejor en el plano laboral. De acuerdo con Cepal, que utiliza una metodología distinta, mientras que en ese periodo la pobreza bajó en 20 puntos porcentuales en América Latina, en México solo lo hizo en 8 puntos porcentuales.

Desde el punto de vista de los trabajadores, el análisis de Weisbrot, Lefebvre y Sammut nos ilustra sobre el hecho de que el TLCAN tuvo un impacto profundamente negativo en el plano del empleo agrícola. Esto se debió a que la competencia externa desplazó de sus trabajos a cerca de 4.9 millones de familias mexicanas, de manera que aún teniendo en cuenta la formación de 3.0 millones de trabajos estacionales en la producción de agroexportación, el resultado final fue la pérdida neta de 1.9 millones de puestos de trabajo. Esto no dejó de tener relación con el hecho de que los salarios reales (ajustados por la inflación) fueran en 2012 apenas un 2.3% a los observados en 1994 y apenas por sobre el nivel que tuvieron en 1980. Es obvio que toda esta situación está también vinculada a la enorme migración de ciudadanos mexicanos hacia Estados Unidos, así como al debilitamiento de las comunidades del sector rural que ha llevado a una profunda penetración del crimen organizado en el campo.

Todo lo anterior lleva a la conclusión de que la aplicación de los llamados tratados de libre comercio, así como de la política neoliberal que los sustenta, poco es lo que hacen por el real desarrollo de los países. En nuestro país, lastimosamente, nuestros gobernantes no son capaces de entender el viejo proverbio español: “cuando veas las barbas de tu vecino arder, pon las tuyas a remojar”.

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Viernes 7 de agosto de 2026