Las caricias del Poder
¿Le gustó el título?, así se llamará la novela que me encantaría escribir sobre una mujer, que pese a las encuestas, llegó a convertirse en Presidenta de Panamá. No es contemporánea de Mireya Moscoso ni de Balbina Herrera. Pero, por culpa de la envidia que despertó en sus copartidarias, tuvo que esperar quince años para sentarse en el salón Amarillo del Palacio de Las Garzas.
Todavía no sé si será viuda, divorciada o casada con un hombre mucho mayor que ella. Me la imagino guapa. En su gabinete, la mayoría son mujeres, sólo hay tres hombres: el ministro de Seguridad, el ministro de la Presidencia y el Canciller. A la hora de pedir consejos, ella confía más en el Arzobispo, la Defensora del Pueblo y Plutarco, un humilde indígena que sabe descifrar los mensajes de la madre tierra.
Iniciará su historia hablando de sus enemigos y de por qué unos quedaron presos y otros cayeron enfermos (por culpa de la envidia). La parte más fuerte de la historia será cuando aparecen los espíritus aduladores, llamados los mercenarios, que tratan de adueñarse de su alma. La dejan sorda y ciega, al borde del síndrome de “Hubris”, un trastorno que le da a los que se dejan embrujar por las caricias del poder.
¿Habrá alguna mujer presidenciable? En este último párrafo cierro el tema que dejé abierto el martes pasado. El griego, Plutarco, habló en la obra Moralia “de cómo alabarse sin despertar envidia”. Nuevamente, paso de la teoría a la práctica. Bastará leer, hoy, el foro del Panamá América (web). Seguro escribirán nombres de posibles candidatas para el año 2025. Los comentarios de los foristas anónimos, me recuerdan la frase de Oscar Wilde: “Dadle al hombre una máscara y os contará sus verdades”. ¡Benditas glosas!
