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Las ciudades del interior del país se encuentran en Riesgo Social


Las ciudades del interior del país, transcurridas más de tres décadas, gozaban de una tranquilidad y paz con la que hoy ya no se cuenta. La violencia, el crimen organizado, las pandillas y el narcotráfico, se han enquistado a lo largo y ancho de nuestra geografía nacional ocupando también muchos centros suburbanos y zonas marginales. Los resultados son ya alarmantes cuando vemos en la estadística criminal, hasta 14 homicidios en un fin de semana. Por otro lado la desintegración y la violencia intrafamiliar están contribuyendo al incremento del riesgo social aunado la carencia de centros escolares y de salud en algunas zonas.

La extrema pobreza, el hambre y las malas condiciones de vida, son parte de los nutrientes esenciales que aportan elementos a la creciente criminalidad. Si no existen oportunidades para miles de panameños en estas condiciones, se concentran caldos de cultivo a la delincuencia y el crimen. Estos, deben ser disminuidos o eliminados atacando los problemas de orden social en que viven muchos de los panameños. La construcción de escuelas y centros de salud en muchas áreas, resulta ya impostergable además de una infraestructura necesaria para el saneamiento y la consecución de agua potable. Ciertamente que la inversión en la ciudad capital es de vital importancia, pero debe estar acompañada de una inversión balanceada creando polos de crecimiento en nuestro interior y atacando los problemas sociales emergentes que nos están asediando. La prevención dirigida a nuestras zonas de riesgo social a través de la utilización de un contingente de recursos humanos especializados y de programas de mejoramiento social, son vitales para la condición de vida adecuada de los panameños.

Algunos autores como el sociólogo mexicano Raúl Hernández Alducin, nos señala que la “Pobreza, la marginación, desigualdad e inseguridad actúan como factores preparantes de la delincuencia, los cuales son el resultado de un complejo proceso puesto en marcha por los requerimientos de la economía y la política capitalista.”. (1) Raúl Hernández Alducin puntualiza que los cambios en la economía global y sus resultados constituyen un factor criminógeno preparante de las conductas delictivas puesto que en su desarrollo produce una serie de actividades que no concuerdan con lo que conocemos como el “bien común” de todos los asociados. Sigue señalando el autor que “Los actores de los hechos criminales (los delincuentes), han sufrido la presión del medio social (desigualitario) y han adoptado comportamientos desviados (social y legalmente) y al hacerlo se han convertido en delincuentes que atentan contra el orden social y la legalidad (y la moralidad) que la sustentan. (2). Estamos plenamente identificados con la postura de este autor puesto que el sistema económico dirige acciones en torno a los grandes intereses mundiales, lo que deja de lado las necesidades educativas, de salud, de vivienda, de trabajo y de igualdad de vida, de los marginados, desposeídos y en la extrema pobreza en nuestros pueblos latinoamericanos.

(1) (2) Teoría de la Delincuencia: Construcción Social, Acción y Estructura; Raúl Hernández Alducin; Revista Sociedad Latinoamericana 2010.