Las clases sociales y la escuela
En verdad, la escuela de por sí, no puede facilitar la elaboración de una actitud productiva y disposición hacia el aprendizaje. Debe despertar el interés de los padres por el trabajo intelectual de sus hijos y su participación en las actividades de aprendizaje. Todos los experimentos realizados en ese sentido demuestran que la escuela logra su cometido con relativa facilidad en relación con el rendimiento, en el caso de padres de clase media con ciertas aspiraciones. Los niños de clase baja difícilmente podrían contar con ese tipo de apoyo.
Se plantea el problema de determinar de qué manera la escuela puede eliminar y compensar por ese descuido cultural. Comoquiera que los educadores modernos se encuentran abrumados por un exceso de horas de clase, la tarea presenta ciertas dificultades. Asimismo, todavía harían falta los cursos de capacitación especializada que permitieran al educador brindar ayuda compensatoria exitosa en relación con el desarrollo. Por sobre todo, se plantea el interrogante básico de determinar si esa labor puede efectuarse o no en la escuela “elemental”.
Por el momento los educadores, quienes pertenecen también a la clase media, se encuentran inadecuadamente preparados para cumplir esa tarea. Por lo menos, no les cabe duda de que deben ocuparse de niños procedentes de un medio cultural muy distinto, que esos niños se encuentran expuestos a influencias familiares diferentes, y que en gran medida las oportunidades escolares y educacionales de los pequeños son determinadas por las diferentes expectativas paternas, sus actitudes hacia la vida, valores e ideales, la sobrevaluación de los logros del aprendizaje y el trabajo intelectual.
Los docentes y las autoridades educacionales, como exponentes de la clase media, y de acuerdo con toda la experiencia disponible hasta la fecha, se preocupan muy poco por las actitudes culturales condicionadas, las formas de pensamiento y, en el
terreno que nos ocupa, específicamente por déficit de motivación culturalmente condicionado de los niños de clase baja, no obstante, parte de la culpa también recae en la educación, la sociología y la psicología, que hasta la fecha se han preocupado muy poco por precisar esas actitudes y evaluaciones culturales diferentes, condicionadas por la clase social.
Incluso en una sociedad democrática, la gente vive ubicada en clases culturales diferentes y que su comprensión de sí mismos y del mundo lleva la impronta de las diferentes configuraciones de valores de esas clases. Los obreros, por ejemplo, tienen una actitud hacia el trabajo, el dinero, la propiedad, la existencia, el tiempo libre, la esposa, el hijo, la escuela y el futuro, totalmente distinta a la de un ejecutivo de jerarquía media o superior. De acuerdo a investigaciones recientes, el caudal básico de futuros talentos se encuentra entre los niños de la clase trabajadora. Ello indica que la labor de la escuela reside en examinar críticamente los materiales de enseñanza (en particular los textos de lectura) y presentarlos de manera tal que el niño de clase baja se sienta cómodo para participar de la realidad escolar.
El actual medio escolar alienta prejuicios extremos a favor de la visión del mundo y de la vida que propone la clase media. Al ubicar en esa posición, la clase media se encarga de que los niños provenientes de ella tengan oportunidades preferenciales de progreso. Como, por añadidura, los expertos provienen preponderantemente de la clase media, sus interpretaciones de los hechos se hallan sujetas a la ideología propia de su clase, la cual se torna palpable porque la diferenciación de clases queda “ignorada”, reprimida en el sentido freudiano.
El desarrollo de la tecnología moderna y la progresiva democratización de nuestra sociedad nos obligan a efectuar una interpretación cada vez más realista. La escuela debe preparar y equipar a sus alumnos para el futuro y, a la vez, para el cambio de una sociedad en transformación.
Pedagogo, escritor, diplomático.