Las conexiones son inevitables
Hace una semana, Dios, el destino o el universo conspiró para reunir en un sitio alejado de la ciudad a 4 personas; con diferentes edades, profesiones y valores, aunque con experiencias de vidas muy similares o por lo menos el origen de sus dolencias emocionales. En mi caso, por ser la organizadora y coach del retiro, recibí de cada una sus relatos sin filtros, sin máscaras con un poco de miedo que se fue disipando a medida que encontraban confort y confianza; relatos que le aquejaban por muchos años; relatos con alto contenido de preguntas sin respuestas aparentemente. Respuestas que ha guardado por muchos años su mente inconsciente para protegerlas, aunque esa protección, en muchos casos, empieza a molestar generando tanta incomodidad que invita a las personas a buscar, a destapar, a redescubrir para erradicar tal dolor. Es un trabajo complejo y necesario que a medida que vas profundizando empiezas a revivir nuevamente emociones como enojo, tristeza, nostalgia, que van dando paso a la comprensión, tolerancia y perdón al "darse cuenta"; es un trabajo de introspección que restablece la paz mental que tanto se añora.
El común denominador de cada una de estas 4 historias fue la infancia. Sí, etapa en la que todos venimos con la hoja totalmente en blanco, con una imaginación insuperable, con comportamientos espontáneos, con mucha curiosidad y, sobre todo, con una capacidad de grabar con detalles cada una de las palabras, mensajes, gestos y comportamientos que recibimos del exterior. Cada historia relatada evidenció la ausencia de uno de los pilares del crecimiento de un infante que es el rol masculino; ausencia que por cierto yo también viví. Esta ausencia genera, en muchos casos, una codependencia emocional; en la que las personas organizan su comportamiento en función de la otra persona con el fin de satisfacer necesidades personales que no fueron atendidas en el pasado. Así que, amigos adultos, se requiere ser responsables y cautelosos en los mensajes que se deseen transmitir bien sea a sus hijos, alumnos, sobrinos, nietos, primos, etc… ya que marcará y construirá el comportamiento, los sentimientos, los valores, los hábitos de esa persona.
Como dijo Gandhi: "Cuida tus pensamientos; porque se convertirán en tus palabras. Cuida tus palabras; porque se convertirán en tus actos. Cuida tus actos; porque se convertirán en tus hábitos. Cuida tus hábitos; porque se convertirán en tus destinos".
Me siento bendecida de ser un canal de ayuda para trabajar en su crecimiento y equilibrar sus vidas.
¡Gracias totales!
Master coach empresarial y personal con P.N.L.