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Las criaturas del clientelismo militar y político


Cuando los militares se tomaron el poder, hubo toda clase de desajustes internos, producto de circunstancias mal encaminadas dentro del propio movimiento. Gracias a Omar Torrijos, el izquierdismo radical fue contenido; sin embargo, la izquierda más pausada dentro del grupo logró convencer a Omar de la necesidad de proveerse de un piso constitucional, generado por una oportunidad de masificación social. De allí, surge el código de trabajo del 72. Su primer borrador circulado fue de espanto, lo que hizo tolerable su versión oficial. Las cosas pudieron haber sido mucho peores. También surgen las agrupaciones de transportistas de pasajeros, de carga, otras más y los privilegios enmarcados en de la constitución del mismo año, en su libro tercero, capítulo 3.

Con la caída del militarismo nada cambió en el sector. Continuaron siendo las criaturas protegidas ya no por oportunismo, sino por temor a potenciales factores de ingobernabilidad marginal, sufridos también por el sector privado.

Durante la presidencia de Perez Valladares, hubo negociación de modificaciones emanadas de acuerdos internos consensuados en la Fundación del Trabajo. Fui negociador por el CONEP en representación de la APEDE. Los logros alcanzados fueron importantes pero menores, producto de las protestas del SUNTRACS, quien fue un impedimento real para alcanzar las metas, objetivas, del sector privado en aquel entonces. El clientelismo político, imposible de contener.

Recuerdo cuando el difunto Endara (q.e.p.d.) sin mayores análisis se negó rotundamente a modificarlo; ello, sin consideraciones de peso alguno, al recién tomar las riendas del gobierno.

Hoy el presidente del cambio, acorralado por presiones internas y externas, tiene buen tiempo de estar tratando de llegar acuerdos para la modificación de la Ley 30. Los representantes del sector trabajo están que se mueren de la risa, con sus posturas radicalizadas y el apoyo del PRD/PP quienes, unidos, no desean negociar, sólo persiguen la derogación absoluta de la Ley.

Ya las aspiraciones del sector laboral privado/público, son conocidas: alcanzar el poder político. La ley (¿bajo estudio?) representa uno de los tantos trampolines clásicos propios de las izquierdas radicalizadas, facilitado por la oposición y el gobierno. Las irresponsabilidades políticas, como siempre, no beneficiarán a nadie.

México, uno de los países que ensayaron ese tipo de clientelismo, tiene muchos años de haber cambiado su legislación laboral. La que, originalmente, sirvió de base para los contenidos de la nuestra que hoy nadie se atreve, modificar como es, realmente, pertinente.