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Las críticas no incomodan, pero molestan

Por: Redacción 13/09/2016

Siempre han existido y existirán las críticas a políticos y funcionarios de los gobiernos. Es parte del proceso democrático.  Pero por más constructivas que las mismas sean, estas incomodan ya que dejan entreveer que no se está haciendo un buen trabajo.

Nuestros actuales gobernantes no lo dicen, pero se nota que al equipo de funcionarios de los más altos niveles del Gobierno nacional les molesta las críticas a su gestión. Solo hay que ver los rostros de ellos cuando hacen comentarios a sus críticos o a las interpelaciones de los periodistas.

Como cuando el Sr. Presidente de la República indicó que él no gobernaba para los que tienen de todo ni para los que siempre critican.

Como cuando en la entrega de 200 casas en Bocas del Toro también indicó que le gustaba estar en las comunidades en las que la gente apreciaban los esfuerzos de su gestión y no con los que se la pasan criticando y ñañequeando en las redes sociales.

Como cuando dijo que no estamos preparados para convocar una constituyente y que lo que sometería serían unas reformas a la constitución, con lo cual hecha por tierra una de sus promesas de campaña.

Como cuando uno de sus ministros, con un semblante inmutable, indicó ante una crítica a las promesas de campaña, que "no todas las promesas de campaña se cumplen”. Entonces, podemos decir que no todas las promesas fueron verdades, o bien, nos dieron el dedo para chuparlo.

Como cuando se critica la no continuidad de proyectos de Estado y se justifica con la frase de “es mejor ir lento pero seguro”, lo que dilata el avance, en especial de las publicaciones de los pliegos de las licitaciones públicas para estos proyectos. Parece tenerse miedo a invertir y nos limitamos a encerrarnos en la comodidad de nuestras extremidades motoras acalambradas.

Como cuando ministros y el Magistrado Presidente del Tribunal Electoral, reaccionan ante cuestionamientos de neopotismo y con indignación o sin pena ni gloria indican que “esto es caso cerrado”.

Como cuando se les cuestiona sobre las aseveraciones que este es un gobierno de total transparencia, pero que las encuestas demuestran una pobre evaluación al respecto y simplemente indican que las mismas no son confiables.

Como cuando se cuestiona sobre el aumento de la criminalidad y los organismos de seguridad indican en su defensa que esto es una percepción ciudadana, ya que las estadísticas que ellos manejan muestran una disminución de estos índices. Mientras tanto, los ciudadanos siguen manifestando temores e inseguridades en sus barrios.

Como cuando se critica las aseveraciones de la Presidencia y el MEF de que la economía de Panamá anda bien, mientras los empresarios y sindicatos de trabajadores indican un estancamiento del crecimiento económico y aumento de los índices del desempleo.

Como cuando se critica las actuaciones y no actuaciones de la Corte Suprema de Justicia y se les pide explicaciones y lo único que se recibe es un escandaloso silencio.

Como cuando el pueblo reclama la subida en el costo de la vida y el Gobierno nacional asegura que existe una mejoría, lo que denota un total divorcio entre la realidad de lo que ocurre en la calle y las altas esferas refrigeradas del Estado.

Como cuando se critica la lentitud con que responde el Gobierno a las necesidades y se piden cambios de ministros y directores generales, pero simplemente se indica que ellos están haciendo un buen trabajo, pero que la baja ejecución presupuestaria refleja lo contrario.

Como cuando un grupo de funcionarios de la Universidad de Panamá, que se dicen “docentes”, en forma descarada y a pocas semanas de culminar su periodo laboral, modifican los reglamentos de la magna casa de estudios universitarios, para incrementar las bonificaciones de retiro por años de servicios, favoreciendo coincidentemente, a ellos mismos, lo que ha sido cuestionado por el Contralor General de la República, desatando el enojo y amenazas de estos funcionarios. 

Pero la medalla de oro en estas olimpiadas de semblantes taciturnos, se la llevan los Honorables Diputados de la Asamblea Nacional, a quienes las críticas no les incomodan ni tampoco les molesta, simplemente no les paran bola… excepto a las que se hacen entre ellos.

No podemos continuar con el “síndrome de la rana hervida”. Este nos demuestra que un deterioro, si es muy lento, pasa inadvertido y la mayoría de las veces no suscita reacción, ni oposición, ni rebeldía.

La realidad es que todos estos individuos que manejan las teclas del poder, son políticos, son una especie de baúl de los recuerdos en donde los planes y  promesas de campaña, una vez electos, se guardan y de vez en cuando se acercan a él para sacar algunas y así entretener a los que supuestamente son primeros, el pueblo, con la promesa nuevamente de ejecución de ellas.

Así pues, nuestras ñañequerías sobre la gestión de nuestras instituciones del Estado panameño, definitivamente molestan, aunque no incomodan.

Exalumno del Instituto Nacional/Generación 64-65.



 

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