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Las elecciones y la educación ciudadana

Por: Redacción 24/10/2016

Las próximas elecciones nacionales (en mayo de 2019) tienen un sentido profundo que trasciende sus resultados electorales inmediatos. Como todos los grandes acontecimientos del país, las elecciones del 2019 dejarán su huella en el alma de la nación panameña, será una experiencia única e irrepetible que conformará su ser y su conciencia de una manera determinada. Por esto el voto de 2019 tiene un significado pedagógico que debemos tratar de comprender.

En primer lugar, el voto es el acto por el cual se elige libremente a un candidato. Esta función electoral no agota, sin embargo, todas sus finalidades. Es la expresión de los principios y convicciones de cada ciudadano con respecto al orden político. Es un acto que manifiesta los derechos de los gobernados y recuerda a los gobernantes la fuente inmediata de su poder. Es un mecanismo que mantiene viva la conciencia cívica. En ciertas circunstancias puede ser una protesta, un intento de castigo, una advertencia o un repudio. Por todo esto, puede decirse que el voto es la contribución más solemne, formal y directa del ciudadano al bien común y, por ello, es una obligación moral.

La potencialidad educativa del voto radica precisamente en que es un deber. El cumplimiento del deber nos educa porque nos da la oportunidad de confrontar los motivos subjetivos que nos llevan a realizar esa acción con las razones objetivas por las que esa acción tiene sentido y es obligatoria. Mediante esta confrontación podemos llegar a la perfección del cumplimiento del deber, que consiste en identificar nuestra motivación personal con la finalidad esencial moral de nuestras acciones.

Aplicando esto al voto, deber cívico, su potencialidad educativa radica en que nos ofrece la oportunidad de confrontar los motivos por los que votamos con la finalidad esencial del voto y, mediante esta confrontación, de ajustar nuestra motivación a la razón de ser del voto. En la medida en que lo logremos, nuestro voto tendrá sentido como acto de un ser racional, responsable. ¡De ser un buen ciudadano!

Los que se abstienen de votar invocan a menudo, por ejemplo, la ineficacia del voto ("no voto porque el voto no sirve de nada"). Ni faltan razones más grotescas, en las que la función del voto sucumbe ante la estética ("porque me gustan los colores de ese partido") o ante normas dignas de un concurso de belleza ("porque ese candidato me cae bien"). ¿Qué tienen que ver estas razones con la finalidad del sufragio como medio de elección de un buen gobernante en orden al bien común?

Quien vote por estos o semejantes motivos, vota mal. La maduración cívica que anhelamos consiste en que todos los ciudadanos y las ciudadanas panameños motivemos nuestros votos para realizar una elección orientada al bien de Panamá, y consideremos esto una decisión moral. ¡Que el voto nos eduque cívicamente depende antes que nada de nosotros!

De que hagamos del sufragio un deber de conciencia y no un efecto de nuestro egoísmo, ligereza, conveniencia o tontería. Pero depende también de los partidos políticos, que deben procurar una correcta motivación a los votantes. Depende de nuestras escuelas, que deben orientar en este sentido sus clases de civismo. Y depende asimismo del Gobierno, el cual debe estimular a los ciudadanos a votar libre y conscientemente, patentizando con hechos la dignidad de este deber cívico.

*Pedagogo, escritor, diplomático.

 

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Miércoles 22 de julio de 2026