Las finanzas de la democracia
Muchas son las veces que hemos criticado el uso específico que le dan los partidos al subsidio estatal para financiar su actividad. Irregularidades, malos manejos, corrupción son lacras que denunciamos en las noticias que publicamos relativas al uso de esos fondos; en nuestros editoriales exigimos, repetidamente, que dichas lacras sean erradicadas mediante una regulación más estricta y un esfuerzo de supervisión más eficaz del Tribunal Electoral. En lo que no podemos estar de acuerdo es en que dichos fondos sean eliminados, como si hubiesen sido alguna vez una concesión graciosa de un monarca hacia sus súbditos. En una hipótesis extrema, el financiamiento público de los partidos políticos busca prevenir que la narcoeconomía ejerza influencia sobre los colectivos y los candidatos. Pero no podemos perder de vista la hipótesis de la normalidad, es decir, no es deseable que el juego democrático quede a merced de los donantes, por muy sanos que sus negocios puedan ser. El acuerdo reciente de establecer topes a las donaciones de campaña estaba dirigido precisamente a limitar la intromisión de intereses particulares al momento de decidir el rumbo de la política. La propuesta del Ejecutivo de eliminar de un plumazo los fondos que anualmente correspondía distribuir entre los colectivos políticos va dirigida a menoscabar dicho acuerdo y, por lo tanto, va a contramano del fortalecimiento de la democracia panameña. Sin finanzas públicas, limpias y transparentes, la democracia podría tener grandes dificultades para sostenerse. Urgimos al Ejecutivo a que abandone su empeño de alejarnos de la senda del fortalecimiento democrático.
