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Las fuerzas morales de Panamá


Rogelio Herrera (opinion@epasa.com) / -

El ilustre maestro argentino José Ingenieros nos ofrece una magnífica lección de moralidad en su obra “Las Fuerzas Morales”, en la que prevalece un idealismo ético en función de la experiencia social. Sostiene que la deontología tiene implicación contundente en la vida personal y colectiva. Por ello, quien practica el valor moral y el sentimiento del deber, posee un verdadero tesoro.

Lamentablemente, en Panamá -para muchos-, principios, valores y normas son practicados bajo coacción por la ambición, por la necesidad o por compromisos partidarios; rigiendo una conducta negativa en los seres humanos.

SÓCRATES, GRAN SABIO DE LA ANTIGÜEDAD, SE CONSTITUYÓ COMO UNA GRAN MURALLA EN CONTRA DEL “BOCHINCHE” (...) LE APLICÓ LOS TRES FILTROS: SI LO QUE ME VA A CONTAR DE NUESTRO AMIGO NO ES VERDADERO NI ES BUENO Y TAMPOCO ME ES ÚTIL, ¿PARA QUÉ ME LO VA A CONTAR?

Paralelamente al talante negativo que se ha apoderado de una parte de nuestra población, se distingue al reverso de la moneda, el rostro positivo, en el que se destacan hombres y mujeres de todas las edades que han dado y dan buenos ejemplos de comportamiento ciudadano, magníficas muestras de personas con una elevada actitud moral, espejo de buena humanidad, dedicadas al cultivo de las ciencias de la educación, el laborioso arte, el deporte, la religión y la moral.

Las fuerzas morales son esas fuerzas internas que se reflejan en la dignidad de la persona, que embellecen y dignifican la vida en la que no se persiguen recompensas, la persona acepta la responsabilidad asignada o propia de sus errores. Son superiores a la coacción y a la violencia. A estas fuerzas les temen los poderosos y hacen temer a los tiranos. Estos principios individuales y sociales, que tutelan la vida y desarrollo social de los individuos, también tienen que ver con la cultura y los hábitos de la sociedad. Tal como proclamara el maestro Heráclito de Éfeso, todo está en movimiento y, por ende, estas fuerzas no pueden estar estáticas.

El sentimiento, propio del ser humano, forma parte de la convivencia y engendra reacciones en la conciencia. Por lo tanto, un hombre y una mujer deben ser respetados en el sentido de la palabra. Se les tiene que dejar vivir con dignidad, permitirles que con su salario puedan cumplir con sus más caras y mínimas aspiraciones.

La vida en comunidad exige la aceptación del deber y el respeto hacia los demás. Los antagonismos acaban con el individuo y más aún la falta de respeto en el pago de su trabajo o mediante la compra de su conciencia.

Le hacemos un llamado a la juventud, sobre todo a aquellos que desconocen la historia de Panamá. Ustedes deben romper con el pasado corrupto y antidemocrático. No todo lo que brilla es oro, no se dejen engañar por una bondad que no existe, una cara que dice que es amiga, pero no lo es.

Saquen a relucir principios sanos, como amar al prójimo, no mentir, respetar su vida y la de los demás. Los principios se les pueden encontrar en doctrinas y religiones, a través de la historia de la humanidad. Lo malo se detecta y se aparta y como va en contra del propio bienestar, no es admisible.

El rapto, el incesto, la bigamia, los matrimonios ilegales, ocultar la identidad de un niño atentan gravemente contra el orden natural y moral de la familia. Aquí las fuerzas morales se deben imponer e impedir estos delitos.

Sócrates, gran sabio de la antigüedad, se constituyó como una gran muralla en contra del “bochinche” y la inmoralidad en general. Ante un parroquiano que le iba a contar algo, le aplicó los tres filtros: Lo que vas a contar, ¿es verdadero? (no). Lo que vas a contar de nuestro amigo, ¿es bueno? (no). Lo que me vas a contar de nuestro amigo, ¿me es útil? (no). Entonces, si lo que me vas a contar de nuestro amigo no es verdadero ni es bueno y tampoco me es útil, ¿para qué me lo vas a contar?

Comencemos a aplicar este filtro socrático en Panamá, los resultados serán que nos convertiremos en agentes de cambio y de esa manera, estaremos construyendo una sociedad de justicia, fraterna y bien sólida.

Jesucristo es uno de los más grandes ejemplos de moralidad. Según la Biblia, fue una propuesta de vida, un camino de vida, convenció su estilo de vida y la fuerza que brotaba de él. Por ello le siguieron. La moral de Jesús se basa en el mandamiento principal: amar a Dios y al prójimo.

El gran moralista Esopo expone los vicios y virtudes de los hombres de forma certera e irónica, mediante sus famosas fábulas, siempre con moraleja o enseñanza.

Finalmente, distinguidos lectores, lo que sí estamos seguros es que actuar con moral y ética positivas es el mejor antídoto para todo lo que vaya en contra de la integridad personal, familiar y de la sociedad.

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Viernes 14 de agosto de 2026