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Las fuerzas morales de Panamá

Por: Redacción 05/09/2013

Rogelio Herrera (opinion@epasa.com ) / PANAMA AMERICA

Las fuerzas morales de Panamá son las propias del campesino, que se levanta todos los días a buscar el sustento de su familia. Motete en el hombro, machete y garabato en mano. Recorre el potrero y se adentra en la tierra empinada o escabrosa. No importa si no se siente bien, tiene que levantar su ánimo, ya que la vida misma está en juego.

Fuerzas morales son las que posee la madre de familia soltera, abandonada por el hombre de sus sueños, que nunca cumplió. Esa que tiene varios hijos, que solamente se dirigen a su progenitora ante sus diferentes necesidades.

Fuerzas morales del asalariado, que de repente no puede comprar la suficiente comida porque ahora el kilo de carne o pollo son prohibitivos y si va a las jumboferias, no le alcanza para comprar ni para el taxi que lo lleve a su casa o cerca de ella. La energía eléctrica le mortifica porque, a pesar de que solo tiene dos bombillos, una pequeña refrigeradora y un televisor de pocas pulgadas en la que apenas puede tomar la señal en directo con antena hecha en casa, ya que no le alcanza para pagar su costo. Para él no existe el cable y menos la alta definición. Apenas le alcanza para pagar el metrobús, que tiene que esperarlo por horas, para poder retornarlo a casa.

Las fuerzas morales que deben tener los jubilados son altas, ya que tienen un salario estático, generalmente comprometido con préstamos, sin derecho a los décimos. Amén de los que le deben, que cuando gobernaron los militares no se los pagaron, que ahora (luego de tanta espera) se retribuirán con bonos cobrables en un futuro incierto, aun así, no llegan. El Seguro Social les dice que no tiene el medicamento recetado y le recomienda que lo compre. Algunos restaurantes no le quieren reconocer el descuento al que tienen derecho. Ahora está latente el desconocimiento del descuento en el pago del agua, su fortaleza tiene que estar muy alta.

Las fuerzas morales de las empleadas domésticas, insultadas-maltratadas, y muchas sin el salario mínimo correspondiente. Apenas pueden aspirar a comprar un vestido y endeudadas con prestamistas y con aquel que le vende a crédito, pagando hasta 10 veces el valor de la mercancía.

Las fuerzas morales del privado de libertad, algunos porque cometieron un delito, otros inocentes. Pero cuando se está tras las rejas, el sollozo escapa cuando se piensa en la familia. Muchos de ellos (ellas) son violados, y dejan una marca de indignación para siempre. Algunos abandonados, otros para poder ser visitados, sus familiares tienen que vestir de marea roja.

Existen miles de historias entre parejas, en las que uno traiciona en todo sentido al otro, veamos un caso. Una dama que se enamoró de un hombre casado, empeña todo para complacer al “hombre” de su vida. Todo se compra a nombre de él y finalmente la abandona. Pierde la hipoteca de la casa y se tiene que ir a vivir sola a un apartamento. Esa mujer tiene mucha fuerza moral para no atentar contra su vida.

Las fuerzas morales del discapacitado, abandonado por su familia y la sociedad, trata de subsistir o de abastecer sus necesidades más elementales. Si llueve, su casa se moja toda. No hay quién le haga un mandado. Su vida transcurre con el pensamiento lejano y con la esperanza de que las cosas puedan cambiar.

Las fuerzas morales del enfermo, algunos casos de manera terminal, realmente no sabe qué irá a pasar cuando muera. Su vida se encuentra en un tránsito inevitable hacia lo etéreo. Piensa en sus hijos, nietos y familiares. Se encuentran impotentes. Los que tienen que hacerse quimioterapia ante el gran enemigo, el cáncer. El que tiene que hacerse diálisis para poder seguir viviendo. Sin embargo, algunos sacan fuerzas de su interior para hablar y recomendar algunas cosas elementales dirigidas a sus seres queridos.

Las fuerzas morales de un sacerdote o un pastor, que le confiesan pecados veniales y mortales, deben cargar con el peso de estas confesiones impactantes, y pedirle a Dios, por el perdón de ¡quién sabe qué atrocidades!

La vida transcurre en Panamá, con altos índices de entrada per cápita (existe la riqueza), pero que no es distribuida equitativamente. Las riquezas van de un lado para otro. Los juegos de azar siguen oprimiendo al pueblo, y les quitan a muchos sus propiedades, ante el frío agudo de la desesperación. Se necesitan fuerzas capaces de superar toda esta ignominia, las fuerzas morales.

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Jueves 13 de agosto de 2026