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Las garantías fundamentales: Democracia y Estado de Derecho


Con sobradas razones, eximios constitucionalistas, de la talla de los doctores César Quintero, José Dolores Moscote y Víctor Florencio Goitía, en sus extraordinarias obras de Derecho Constitucional, fueron celosos guardianes del respeto de los derechos fundamentales y sus respectivas garantías. Tales derechos y garantías son como el aire, dan sentido y vida a la condición humana, al punto que no poco autores, señalan que estos derechos vinieron hacer la diferencia con un pasado enajenante que reducía a la persona humana a menos y desde esta perspectiva, los estado constitucionales de nuestros tiempos están referenciados o tienen como núcleo central de su razón de ser la defensa y el respeto a la persona humana, con todos sus atributos y derechos ganados históricamente y con justa a tales estados en su finalidad, se les tiene como antropocéntrico.

En consecuencia, los derechos fundamentales y sus mecanismos o procedimientos de valía, cercan al estado llano y simple, de tal suerte, que no desborde hacia formas o correlatos, que pongan en peligro la vida en sociedad; no olvidemos al decir de Oscar Iriarte, las tentaciones autoritarias son parte de la realidad estatal; lo relevante no es que existan, sino los medios, los recursos para su control y limitación, de tal suerte se preserve la existencia humana en su desenvolvimiento, como ser pensante, creativo, capaz de hacer historia y futuro.

Este conjunto sistemático de derechos fundamentales y sus garantías de viabilidad, están literalmente consignados en nuestra Constitución Nacional, en el Título Tercero y la reformas constitucionales del 2004, con relación a tales derechos, lo revolucionaron, a tal punto, que de acuerdo con el artículo 17 de la Carta fundamental, lo mismos deben considerarse como mínimos y no excluyentes de otros que incidan sobre la dignidad de la persona humana. Se trata de una adición o reforma constitucional con un alcance importante, sobre todo cuando estamos antes acciones o conductas que atentan contra la libertad en todas sus expresiones o derivaciones, sobre todo provenientes de las autoridades debidamente constituidas.

Debemos cuidar nuestro estado de derecho constitucional. Conocer los derechos fundamentales y hacer de su lectura, una asignatura ciudadana, de curso obligatorio para todos los panameños.