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A las ‘guiales’ no les gusta el piropo morboso

Por: Redacción 31/05/2017

Según el Diccionario de la Real Academia Española de la lengua, un piropo es “un dicho breve con el que se pondera alguna cualidad de alguien”. En esta misma definición se hace especial énfasis en la belleza de una mujer, pero la esencia de esas “palabras aduladoras” tiene como base argumental el hecho de destacar algo bueno de alguien.

Cuando se trata de hacer público un atributo, de manera positiva, es una buena razón para sentirse bien con uno mismo; sin embargo, cuando el tono del comentario apunta hacia el irrespeto, o que la persona que recibe la frase se siente incómoda por lo que se dijo, entonces caemos en lo que está a punto de ser considerado como una falta grave.

“¿A qué ‘guial’ no le gusta un piropo…?”. A muchas más de las que imaginamos no les gusta, sobre todo en estos tiempos donde el verso no tiene ni magia ni ritmo y ni buena sazón. De hecho, por la forma cómo se expresa ese tipo de “piropo”, se cae en la figura de acoso callejero. Claro está, el gesto verbal galante siempre depende de la forma, el tono y la intención, y no estamos juzgando sobre el estereotipo existente en cuanto a lo que vociferan algunos trabajadores del sector construcción o la gente de barrio que cree encontrar en frases trilladas y nada hilarantes una forma de piropear.

Lo que está sucediendo, a propósito de la aprobación de la Ley 213 para prevenir, prohibir y sancionar el hostigamiento, acoso callejero, acecho, favoritismo, sexismo y racismo en todos los ámbitos, es mover la discusión de un tema serio y formal hacia el terreno específico de la figura del “piropo dulce/piropo morboso”, para explicar que aprobar esta legislación sería ir en contra de la libertad de expresión.

Los juicios verbales desagradables, si además se repiten, aun asumiendo que se trata de una inocentada, son una forma de hostigamiento y acoso callejero. Claro está, como sociedad debemos modificar ciertos patrones socioculturales de conducta entre hombres y mujeres porque precisamente esto está afectando nuestro desenvolvimiento y nos lesiona como padres, hijos y ciudadanos.

Seamos honestos, a su familiar femenino no le hace ninguna gracia que apenas sale de su casa y camina hacia una parada de buses, en vez de los buenos días y un buen gesto, se encuentre con palabras groseras y agresión física o verbal.

Nadie se opone a que exista la figura del piropo, siempre y cuando se lance con respeto, buen gusto y al final obtenga, como remuneración esperada, hasta una bella sonrisa.

Periodista

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