Las habilidades emprendedoras
La conducta emprendedora generalmente se ha relacionado con niveles de propensión al riesgo en cada persona. Desde esta postura se defiende que la diferencia entre emprendedores y no emprendedores puede ser la tolerancia al riesgo, y cómo procesan información sobre el éxito potencial de una nueva oportunidad.
En otras palabras, los emprendedores pueden no pensar en ellos mismos como más propensos a asumir riesgos que los no emprendedores, pero están más predispuestos a categorizar las situaciones de riesgo como positivas.
Krueger y Brazeal (1994) sugirieron que la educación de este tipo debería mejorar la factibilidad percibida para el emprendedurismo, aumentando el conocimiento de los estudiantes, dando confianza y aumentando la autoeficacia.
La educación audaz tiene como principal objetivo enseñar a los estudiantes poner la teoría en práctica y comprender qué es el emprendimiento; esta metodología surge como una herramienta crítica en el desarrollo de las competencias necesarias para la creación de empresas y algunos sistemas han estado promoviendo la creación de cursos para la enseñanza del emprendimiento; esto hace posible aprender a ser decidido utilizando políticas diferenciadas y programas específicos en educación.
Los programas se basan en habilidades que se pueden enseñar y no son características fijas de personalidad. Incluso se ha demostrado que el efecto de la educación general sobre el rendimiento emprendedor es positivo y que la formación empresarial es efectiva en el rendimiento de las personas que comienzan sus creaciones personales. De este modo se asume que los estudiantes ganan autoconfianza y motivación, hasta llegan a ser proactivos, creativos y aprenden cómo trabajar en equipo. No obstante, a pesar de la importancia de estos programas educativos y de su uso generalizado en escuelas y universidades, poco se conoce sobre su impacto en las competencias e intenciones acometedoras de los estudiantes.
Los programas en este sentido están muy centrados en la explotación de oportunidades, asumiendo que la oportunidad ya ha sido identificada. Así, se presta muy poca atención al desarrollo de habilidades y a los procesos de generación de ideas, en su análisis sobre planes de educación emprendedora, encontraron la escasa formación en habilidades de esta naturaleza.
Según Fisbein y Azjen, las intenciones emprendedoras están influidas por tres factores generales; primero, las intenciones están determinadas por la actitud de la persona hacia la conducta. Esto es visto como la suma ponderada de las consecuencias percibidas y la probabilidad de diferentes resultados de la conducta, incluyendo recompensas intrínsecas.
El segundo factor es las normas sociales percibidas. Esto significa que las creencias de grupos relevantes y actores, como la familia, los amigos, otros, afectarán a las intenciones para emprender. El tercer factor es la autoeficacia. En diferentes trabajos se ha puesto de manifiesto la importancia que tiene en el desarrollo de intenciones para tal fin.
Para algunos autores estas características activas pueden organizarse en campos, conocimientos y habilidades. El interés en las competencias emprendedoras deriva de la supuesta relación entre competencias y el nacimiento, supervivencia y crecimiento de una aventura empresarial (Rao 1997).
Este enfoque está más orientado a la aplicación y es particularmente conocido en la literatura de formación y desarrollo. Este enfoque se centra en identificar las competencias necesarias que han de ser incluidas en la educación y formación o en la validación de la efectividad de un programa de formación emprendedora.
Clarifica la importancia de no sólo las habilidades y el conocimiento necesario para el éxito emprendedor, sino también los rasgos psicológicos apropiados hacia ese fin. En diferentes estudios se ha confirmado la relación entre la personalidad proactiva y la conducta emprendedora, tanto en empresas ya creadas como en la población general.
Finalmente, también existe evidencia de relación entre la proactividad en el contexto de la orientación emprendedora y el desarrollo empresarial por un lado y la carrera exitosa por otro (Seibert, Crant y Kraimer, 1999; Seibert, Kraimer y Crant, 2001).
En el ámbito concreto del emprendimiento se encontró que las intenciones estaban positivamente asociadas con poseer una personalidad proactiva. El rasgo de personalidad que determina la tendencia y disposición de la persona para asumir riesgos. Este rasgo se ha relacionado con el emprendimiento porque esta actividad implica, por definición, asumir riesgos de algún tipo.
Docente especializada en educación inclusiva.
