Las hidroeléctricas son la principal alternativa energética
La dependencia del petróleo y sus derivados y la situación mundial hacen que la visión de desarrollo nacional del Siglo XXI deba ser enfocada hacia dos aspectos vitales: La autosuficiencia alimenticia y la autosuficiencia energética.
Si hacemos un análisis serio de cual de las dos es más importante o cuál debería ser tratada primero, vemos que realmente son inseparables, ya que la producción de alimentos depende de las fuentes energéticas, y estas no tendrían razón de ser si no hubiera alimentos.
Es un hecho que Panamá ha sufrido de las influencias negativas de los carteles internacionales del petróleo y sus socios nacionales, al bloquear o sabotear sistemáticamente todos los esfuerzos oficiales y privados hacia fuentes alternativas de energía, como la eólica, solar, geotérmica, de mareas, biocombustibles, etc.
Las hidroeléctricas han pasado este escollo debido a que representan grandes negocios e inversiones que benefician a partes interesadas. Las termoeléctricas, engendros contaminantes del Siglo XX, también existen por las mismas causas. Y veo que se insiste que en Panamá puede haber petróleo explotable, a pesar de que se sabe con certeza que no es así, por las extensivas exploraciones hechas por los Estados Unidos en el siglo pasado. Los pequeños yacimientos del Darién no son rentables. Por esto me extraña que se estén contratando a empresas para repetir estas exploraciones inútiles.
Es un hecho indiscutible que las hidroeléctricas son la solución para que Panamá supere la crisis energética que se empeora cada día más. Pero esta crisis no debe hacernos creer en la aceptación de proyectos negativos al ambiente y las comunidades de las áreas de influencia. Panamá tiene, en la Cordillera Central, docenas de sitios donde se pueden construir hidroeléctricas sin que haya que hacer enormes embalses que destruyen la flora y fauna, y provocan migraciones de comunidades enteras.
La Fortuna, por ejemplo, tiene un embalse de menos de 2 kilómetros cuadrados. El Embalse Barrigón del proyecto Estí, tiene menos de 3 kilómetros cuadrados. Estos son ejemplos clásicos de proyectos hidroeléctricos de bajo impacto ambiental y social, y deben ser la pauta para los futuros proyectos de este tipo. Pienso que los Gnäbe Buglé no se opondrían a esta clase de proyectos, pero sí a los de los grandes embalses.Afortunadamente ya se aprobó una ley que permite la explotación de la energía eólica, después de años de estar sufriendo zancadillas. Respecto a la energía solar, un poco rezagada en Panamá, bastaría con saber que 1 kilómetro cuadrado de paneles solares sería suficiente para producir toda la energía eléctrica del país hasta el año 2020.
Curiosamente, veo un paralelismo curioso entre el problema alimenticio y el energético en Panamá, en el sentido que ambas crisis son artificiales, producidas por los que se benefician con las importaciones de derivados del petróleo y de los alimentos. Entre menos autosuficientes seamos en alimentos y energía, más se benefician estos mercaderes. ¿Quién se benefició de la falta de agua potable en Panamá, por las inexplicables causas que se dieron? -Los productores de agua embotellada- Esta es una pauta que se repite coincidentalmente en casi todos los productos o servicios básicos.
