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Las ideologías atemorizan

Por: Redacción 23/06/2015

Cada día vemos más seres humanos con delirios de superioridad, dispuestos a desdibujar cualquier vínculo humano y a no escatimar momento para sembrar ideas perversas, de menosprecio hacia nuestro propio análogo. Personalmente, no me gustan las ideologías y menos las que nos hacen perder hasta el sentido común.

Al parecer, la honestidad de la vida humana no estaba prevista en los planes de vida actual porque hay tantos sistemas sociales, políticos y económicos que, en lugar de dignificar a la persona, se valen de ella. Por desgracia, el miedo es muchas veces superior al nivel de la decencia.

La concepción economicista de esta sociedad aborregada suele hacer prevalecer el beneficio egoísta más allá de los parámetros de la justicia social. Por tanto, cuidado con los doctrinarios, suelen ser gente ensuciada por la soberbia, poco transparente y con modos dominantes en sus hechos.

Naturalmente debemos permanecer siempre atentos a cualquier factor de intransigencia. Las ideologías extremistas, las tensiones comunitarias y la discriminación de las minorías se han convertido en algo usual que soportamos con cierto aguante y resignación, obviando que detrás de todo ello se alberga un odio tremendo convertido en ideología, cuyo postulado cardinal es la tendencia humana a falsear la realidad en función de los intereses del grupo.

La estampa cruel de que miles de emigrantes continúen siendo rescatados en el Mediterráneo camino de Europa nos deja sin palabras, pero todos hacemos bien poco por evitarlo.

Sin duda, malgastamos energías en cuestiones inútiles. Por otra parte, las ideologías están más preocupadas (y ocupadas) en defender su poder y sus privilegios que en interesarse por la ciudadanía. ¿Por qué hay aún gente que sigue pasando hambre, mientras otros derrochan recursos sin importarles la carencia de otros?

La mezquindad, el fanatismo, la ambición de poder son motivos que alientan el espíritu guerrero, alimentando, en ocasiones, una desvergonzada ideología que todo lo justifica a su antojo.

Al fin y al cabo, creo que nos deshonran tantas estupideces ideológicas que aparte de atemorizarnos, nos dejan sin nervio, o lo que es lo mismo, sin espíritu. Y ya se sabe, un alma desorganizada y sin deseo de reencontrarse consigo misma carga en su permanente tropiezo también su propia condena.

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Viernes 31 de julio de 2026

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