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Las jubilaciones

Por: Redacción 22/05/2016

Luego de haber servido un número considerable de años a nuestra patria, adviene la edad madura y con ella las jubilaciones, no quedándome más desde esta tribuna del deber que enviarles el caluroso saludo a todos los compañeros que, en felicidad, Dios les permitió laborar y concluir gozando las beneficencias de sus esfuerzos coronados con las luminarias del amor filial. Nosotros hemos rendido con certeza en el aporte a plenitud con el premio recibido por la República, mostrando ante el mundo el peso específico de sus generaciones trabajadoras, exhibiendo los aquilatados y robustos conjuntos humanos del pasado que extendieron como herencia futura los anuncios sonoros de la gloria. En este lapso comprendido en el preciso abandono de la adolescencia reemplazada por la juventud, acude la llegada de la fragorosa actividad, ofrendando la capacidad maravillosa de ofrecer todas las energías en su aporte conceptual reinante incentivando el progreso de la patria, armando así el proceso abundante de éxitos enaltecidos.

Las mujeres reciben el promediado estipendio a la edad de cincuenta siete años y los hombres a los sesenta y dos. El presidente, con mucho júbilo, expresó pasados algunos días que el ostentoso triunfo de nuestro país radica en la calidad productiva de nuestros trabajadores, donde debe congeniar una compaginación en lo que se produce y el estado emocional del elemento que engendra la acción. Si nosotros arreamos en el pasado la pesada rueda alada del progreso recomendada por el valor, lógico es que gocemos de una operativa jubilación. Es un tanto imprudente arribar a este clímax y que no se puedan solucionar las confusas situaciones módicas donde no alcanza el estipendio acogido para comprar el pan de cada día.

Los productos suben de precios, pero no guardan la debida equidad para que puedan durarnos un poco más. Debo creer que este comportamiento un tanto pusilánime de los viejos nos puede trasladar al callejón sin salida del cual hablaban tanto los queridos abuelos. Las jubilaciones resuelven poco los apremiantes y urgentes aprietos que confronta el estado llano. Porque no hay correlación entre trabajo y costo de la vida; tenemos un Canal ligado a un halagüeño PIB que brinda envidia, pero las estrecheces de la vida cotidiana son frecuentes coaccionando por todas partes, esto realmente no me hace ninguna gracia, ya que la conformidad de algunos dimana de los impuestos que pagamos todos. Analizando obviamente dicho evento cualitativo buscando la utilidad de las cosas, llegamos a la formidable conclusión de que aquí todos debiéramos ser felices luego de cumplido con los compromisos impuestos por la sociedad.

Hoy logro ver en los registros informativos que el pueblo está cansado, prácticamente abatido, de vivir entre las miasmas del olvido. Atiendo con importante interés la intervención de un nutrido número de jubilados naturales del hermoso y heroico Valle de la Luna que con erguida razón reclaman la devolución de los décimo tercer mes que por mucho años nos fueron arrebatados y que aún penden de los escuálidos presupuestos familiares en espera de un gobernante que tenga compasión de las torturas que padece el pueblo sencillo. Y mientras unos tienen más, otros tenemos menos, por la agravante carga que llevamos a nuestras espaldas, siendo a esta edad madura muy duras de soportar. Le recomiendo al pueblo que quienes en este momento procedan en contraposición nuestra, a la hora de pedir el voto sean implacables en grado sumo con ellos.

Escritor

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Viernes 24 de julio de 2026