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Las Maras


Querido Director,

¿Se acuerda Usted de Aguas Santas Ocaña? Fue agregada comercial de la Embajada de España en Honduras. Allí en Tegucigalpa enamoró al Presidente de la República, Ricardo Maduro. Después de un corto, pero muy comentado idilio, se casaron en una vistosa ceremonia civil y de esa manera y sólo con el antecedente de la Reina Fabiola de Bélgica, ha tenido España en tiempos modernos una Jefe de Estado consorte. Aguas Santas es de Sevilla y después de unos años de matrimonio rompió con el ya ex Presidente Maduro, al que se le reconocen grandes méritos académicos y también bastantes y conocidas conquistas femeninas. Hoy, Aguas (como le gusta que le llamen) vive en Managua rodeada y atendiendo a 25 o 30 ex miembros de maras hondureñas a los que incluso llegó a adoptar. Hace algunos años, siendo Primera Dama, coincidí con ella en un avión y durante las 9 horas de viaje me estuvo hablando de sus proyectos de rehabilitación, de los que para ella eran unos muchachos descarriados y que tenían “solución”, educándoles adecuadamente. En aquél momento, su marido el Presidente, ante la violencia y crueldad a la que habían llegado las maras, tuvo que adoptar drásticas medidas policiales y judiciales, intentando evitar la aparición de los Escuadrones de la Muerte. Aguas salía por la noche en su carro con una mínima escolta y recogía a miembros drogados o heridos de esas bandas trasladándoles al hospital o a centros de acogida. Su idea y la consiguiente Fundación fueron calando en gente de muchas y diversas procedencias y se fue afianzando como una posible salida a miles de muchachos que además de descarriados se han convertido en asesinos.

¿Qué cree usted que pensarán los padres que han perdido hijos o las viudas a sus maridos a manos de las implacables maras hondureñas? Pues justo lo contrario a lo que piensa Aguas Santas Ocaña: Que la única vía de solución es la policial, la mano dura y si fuese necesario, la eliminación física de los miembros de esas bandas de delincuentes irrecuperables. Con la llegada a España en los últimos años de hasta 3 millones de hispanoamericanos nacieron y se desarrollaron algunas pandas y bandas juveniles, que fundamentalmente en los barrios extremos de las grandes ciudades, se convirtieron en los amos de la calle y empezaron a creerse los dueños de vidas y haciendas. Afortunadamente el PSOE y el PP coincidieron en la necesidad de su erradicación y aplicando una gran celeridad en su detención y una gran dureza en las penas impuestas, se ha conseguido que sus jefes permanezcan en la cárcel y que los únicos muertos lo sean por ajustes de cuentas entre ellos.

En los años 90 y hasta la llegada al poder de Miguel Ángel Rodríguez hubo en Costa rica un movimiento similar a las maras, llamado Los Guachupines, que sin llegar a quemar casas con sus habitantes dentro o crucificar empresarios o ametrallar las salidas de un colegio infantil, como han hecho los hondureños, sí crearon una situación de gran inseguridad en el centro de la capital, pues actuaban en grupos de 50 o 60, a cara descubierta y no sólo por la noche. Hechos como estos asustan a turistas e inversionistas y el perjuicio para el Estado es 100 veces mayor que lo que cuesta su erradicación.

Leo con preocupación, querido amigo, que en la frontera norte de su país se ha detectado la aparición y movimiento de algunas maras, no sé si de origen hondureño. Pónganse Ustedes los panameños manos a la obra y con un gran consenso político ataquen de raíz este todavía no problema, pues si permiten la llegada a la Capital, los muertos van a ser del grupo de los “buenos” y le aseguro a usted, que en estas situaciones extremas, los muertos los tienen que poner los “malos”. Los que queremos y respetamos a Panamá estamos seguros de que así será.

Atentamente,