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Las minas otra vez


En cierta medida el repunte de la economía latinoamericana se explica por el efecto de arrastre que generan las grandes economías emergentes del Asia y otras partes del mundo, que requieren ingentes cantidades de materias primas provenientes de la minería, entre otras fuentes.

No es la primera vez: nuestra América comenzó con la minería su andar por la historia económica como continente mestizo. Es una oportunidad para aprovechar, que nos compren las materias primas de nuestros terruños, pero sería mucho mejor, y esa debería ser nuestra meta a mediano plazo, que exportáramos productos elaborados, cada vez más avanzados en las cadenas de agregación de valor, dentro de las modernas tecnologías. Sería la primera forma de evitar que la riqueza sea flor de un día, en nuestra necesitada Región.

La otra forma, relacionada pero distinta, es prever que toda mina se agota. Y que siendo previsible ese final, los gobiernos prudentes y sabios deben tomar las medidas para que el cierre de la explotación no sea la ruina sin remedio para los otrora ocupados y con frecuencia boyantes mineros. Que las minas dejen a su paso otras formas de creación de riqueza y de empleo, estables y con futuro: la industrialización, la agricultura especializada, los servicios, el turismo. Es la interrogante que oscurece las calles de Copiapó, para los otros mineros que no son los 33 de Chile, y que debemos responder los latinoamericanos de ahora en más, sin mucho espacio para el populismo.