Las paradojas de la libertad
¿Se equivoca el humano al creer que es libre? Según la doctrina del libre albedrío, el individuo tiene el poder de elegir y tomar sus propias decisiones, sin condiciones o causas previas. Es decir, tenemos libertad de acción, al ser libres de hacer lo que queremos; esto implica libertad de voluntad, al poder elegir lo que queremos; lo que nos da la libertad de pensar lo que queremos. Somos libres de actuar, de querer y de pensar. En ese sentido, la libertad es como la verdad, que pertenece a todos porque lo verdadero siempre es necesario a toda persona. La verdad no obedece a nadie y es independiente, incluso de la persona que la dice, por eso es libre y libera, razón por la que ningún tirano ama la verdad.
Pero más allá de creer o no en el libre albedrío, ese concepto representa una de las paradojas de la libertad, pues si elegimos creer en él, se convierte en un poder determinante y ya no es libre.
Otros pensadores creen lo contrario, al sostener que el alma o espíritu no son libres porque las acciones humanas tienen causas que las determinan, no son independientes de la naturaleza ni de la historia, y obedecen a un predeterminismo causal, sujeto a condiciones pasadas.
Así, la conducta humana es como una bola de billar que solo se puede mover tras recibir un impacto. Por eso los humanos, que son ignorantes de las causas que los impulsan, se creen libres solo porque son conscientes de sus deseos. Después de tomar una acción se dan cuenta de que la misma está sujeta a la necesidad del cuerpo, o de la razón, o de la historia, siempre dependiente del impacto de una causa metafísica.
La libertad, en ese caso, se vuelve relativa a esa cadena única y continua de causas, en la que el futuro se encuentra por completo inscrito en el presente y este en el pasado, convirtiéndolo en otras de las paradojas de la libertad.
Todo esto nos trae a la responsabilidad moral del individuo, ya que la libertad (cual fuera su origen) nos hace responsable de nuestras propias acciones, sino ¿cómo podría el Estado o la sociedad culpar o castigar a una persona por sus actos?
Nadie es absoluta ni totalmente libre porque la libertad humana no nos viene dada: hay que conquistarla, es un proceso que nunca acaba y, en muchos casos, es como nadar contra la corriente.
La libertad colinda, por un lado, con la filosofía; y por el otro, con la religión, por eso es tan necesaria como ilusión humana. Así, los ignorantes son menos libres cuanto más piensan que lo son, como bien pueden atestar los déspotas y líderes populistas.
No es difícil adivinar por qué: la libertad es una fuerza creadora, un saber espiritual, una rebeldía que sigue siendo el gran recurso de los pueblos para resistir la tiranía, los privilegios indebidos y la injusticia.
Siendo así, la libertad encarna la redención que busca todo hombre o mujer libre.
Ciudadano.