Las peripecias del sector agropecuario
Recientemente hubo un cambio de ministro de Desarrollo Agropecuario en medio de un sector en una crisis estructural e histórica profunda. Veo que, por lo menos, el nuevo ministro se ubica más en la realidad nacional que en la personal. Es una lástima que el medio ambiente político nacional no le sea favorable en nada. Sus declaraciones sobre los Tratados de “Libre Comercio” son acertadas en gran parte: nuestro minúsculo sector agropecuario no puede competir con los de otros países y los tratados presentan una clara desventaja. Lo que nadie dice que estos tratados no son para beneficiar a los productores agropecuarios sino para enriquecer más a los importadores y comerciantes. Total que el sector solo representa el 16% del PIB del país y para algunos necios es desechable.
No veo cómo aumentando el presupuesto del MIDA se va a mejorar el sector agropecuario. Lo único que se aumentaría sería la burocracia. El MIDA no tiene que ver con el incremento de la producción o de la productividad del sector privado. Al menos que se estén pensando en subsidios o “ayudas”, como préstamos bancarios que nunca se recuperan. Es curioso que los políticos no se den cuenta que lo único que ayudaría a incrementar la producción y la productividad es que sea rentable producir. Nadie va a sembrar algo que le genere pérdidas o problemas económicos. Nadie va a sembrar o producir para que el estado permita importaciones masivas y el productor se vea obligado a regalar su producto.
La política de estado básica para el sector agropecuario debe ser producir lo necesario para la autosuficiencia alimentaría y solo exportar excedentes comprobados. ¿Cómo es posible que se dediquen miles de hectáreas a producir melón, sandía y otros alimentos para exportar, y no tengamos suficientes hectáreas plantadas para producir la canasta básica para todos los panameños.
Respecto a la investigación agropecuaria en el desarrollo de tecnologías y materiales genéticos de mayor productividad y producción, los resultados hasta ahora han sido menos que mediocres. Prueba de ello es la situación del sector agropecuario. El IDIAP, en las últimas tres décadas, no ha desarrollado ninguna tecnología o material genético de valor para el sector agropecuario, que sea auténtica. Esto es producto de una filosofía retrógrada y anticientífica cuyos resultados son evidentes, y que solo puede ser cambiada con una reingeniería profunda de los recursos humanos. Los investigadores deben ser evaluados por su producción y sus contribuciones al sector. Por las circunstancias y a modo didáctico, podemos parodiar al filósofo y escritor irlandés Jonathan Swift cuando decía: “Aquel científico investigador que logre que, donde antes se producía una espiga de arroz, se produzcan dos espigas, habrá hecho más por la humanidad que todos los políticos del mundo juntos”. (eesquivelrios@gmail.com).
