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Las promesas para Colón


El presidente Ricardo Martinelli ha hecho declaraciones puntuales el cinco de noviembre pasado en la provincia de Colón. Una inversión de mil millones de dólares para atender las prioridades de esa comunidad atlántica, que incluyen desde rellenos sanitarios, estadios y hospitales hasta un aeropuerto, pasando por soluciones de viviendas, mejoras al Colegio Abel Bravo y un paseo costero.

Muy bien por el señor presidente, pero poco impacto podrían tener sus declaraciones en una comunidad que desde hace muchos años espera que las promesas se conviertan en realidad, y ya perdió la fe. Es un panorama recurrente que implica colocar una obra aquí y otra obra allá, pero ¿cómo o con qué medidas se garantiza que el enorme capital que se mueve en torno a Colón dejé allí huellas imperecederas y la provincia sea -como dijo el presidente- otra vez la "tacita de oro"?

En los últimos veinte años solo la defenestrada "ley de incentivo universal" trató de encaminarse en esa dirección, comprometiendo a inversionistas con la salud de la provincia. Ya se sabe que los grandes propietarios de la Zona Libre le doblaron el brazo al gobierno de turno, encabezado por Ernesto Pérez Balladares, autoproclamado como hombre fuerte. De nada sirve la excusa de que el colonense es un ciudadano especial. Los hechos demuestran que los entornos moldean conductas y producen resultados conforme se estructuren. Buenas las declaraciones del presidente, mejor será la realización de sus obras pero en medio de todo ello siempre figurará el método de cómo se realizará y la forma cómo se integran a esas promesas empresarios e inversionistas, y lógico, la propia población colonense.