Las Reformas Electorales
Pese a que los partidos políticos constituyen expresiones genuinas de la democracia, no todo el tiempo desempeñan el papel que de ellos espera la sociedad. En muchas naciones se han convertido en verdaderos cascarones con representación cero, asumiendo más el papel de una camarilla al servicio de minorías que reclaman oportunistamente espacios políticos en el engranaje de poder. Si esa es la preocupación que acompañan las debatidas reformas electorales, es probable que más de un ciudadano esté de acuerdo en que no se pueden seguir invirtiendo recursos en gestiones que no evidencian resultados positivos, salvo la crítica anarquizante, la malicia improductiva y el pesimismo permanente en contra de quienes tratan de enrumbar el país por derroteros de progresos. Los partidos políticos no pueden seguir siendo trincheras de resentidos o de políticos insatisfechos y nostálgicos que añoran los tiempos en que desde la cúpula de poder, democrática o dictatorial, sustentaban sus ambiciones y sus arrogancias. Los partidos tienen que volver a ser contenedores de un servicio a la sociedad y no servirse de ella; verdaderos representantes sociales, y no engranajes que cada cinco años visitan a los votantes para hacerle promesas que sólo son la catapulta al poder. Luego, se olvidan de todas las promesas y de todos los compromisos. Si las reformas van por ese rumbo, con seguridad la ciudadanía estará a su favor.
