Las responsabilidades y compromisos en política
El establecimiento de una conciencia generalizada de derechos en todas sus dimensiones, y una sostenida elevación de las exigencias respecto a la calidad de los mismos y, por lo tanto, de una complejidad creciente de las demandas ciudadanas, pueden atribuirse a una conquista esencial, y que marca un giro histórico para nuestro país, de parte de los gobiernos de reconstrucción democrática de los últimos 25 años (1990-2015).
De hecho, el panorama político nacional hoy difiere de aquel heredado desde la fundación de la República hasta 1968, y del régimen militar que imperó durante 21 años (1968-1989).
DENTRO DE LAS TAREAS ESENCIALES DE LA POLÍTICA, ESTÁ SIN DUDA CONVENCER, PERSUADIR Y SUMAR FUERZAS PARA LA REALIZACIÓN DE LAS IDEAS Y LOS OBJETIVOS QUE SE PROPONEN A LA SOCIEDAD. PERO SE TRATA DE LA BATALLA POR LA HEGEMONÍA Y NO POR EL SIMPLE SOMETIMIENTO DE LOS OTROS, QUE SON IGUALES Y DIVERSOS.
Durante el inicio de la era republicana, correspondió al Dr. Manuel Amador Guerrero, ser el Primer Presidente Constitucional de la República (1904-1908). Dicha elección, por demás, descontado el honor que ella significaba por el reconocimiento que de sus virtudes ciudadanas se hacía por aquel medio, equivalía en la práctica a colocar sobre los hombros del presidente, el fardo pesado de un cambio total en la estructura gubernamental del país que buscaba resolver sus muchas y graves dificultades internas.
El presidente Amador Guerrero, con el concurso de su Gabinete y la Asamblea Nacional, logró operar el reajuste de los tres poderes en que se fundamentó nuestro sistema democrático de gobierno; el cambio inmediato de nuestro sistema rentístico, tributario y fiscal del nuevo Estado, sistema que en sus partes esenciales subsiste todavía.
No podemos olvidar que en la política las responsabilidades son individuales, colectivas, sociales e, indudablemente, de extensiones que superan las coyunturas o simples contingencias. Es decir, las responsabilidades y los compromisos en política son de individuos, de partidos y sectores. Las exigencias de responsabilidad política deben tener, entonces, una validez general para personas, épocas, gobiernos y partidos. En definitiva, las mismas tienen trascendencia y naturaleza históricas. Por ello, una tarea central de quienes participan desde distintos planos en el debate político, y de las ideas en general, consiste en lograr elevar los términos del debate a los mejores niveles posibles.
El debate público, por ejemplo, sobre temas de equidad, calidad de la educación, atención a la salud, acceso a una vivienda decorosa, desarrollo de infraestructura, relaciones laborales más equilibradas, en fin, los nuevos temas que reclama la economía política, da cuenta de los distintos y más elevados niveles de respuestas que se plantea nuestro país en la actualidad. La preeminencia que han alcanzado los debates en torno a los derechos, las libertades, su ejercicio y calidad, constituye por sí misma el reflejo de un avance histórico, que ya se encuentra consolidado en el alma misma de la sociedad panameña del siglo XXI.
Es menester tener presente siempre que dentro de las tareas esenciales de la política, está sin duda convencer, persuadir y sumar fuerzas para la realización de las ideas y los objetivos que se proponen a la sociedad. Pero se trata de la batalla por la hegemonía y no por el simple sometimiento de los otros, que son iguales y diversos. Se deduce de lo anterior que la herramienta fundamental es la argumentación razonada y fundada, y no la estridencia, ni la simple prepotencia y descalificación. Tales términos del debate junto con desprestigiar a los círculos dirigentes en sus distintos niveles, a lo político y a la política, impiden concentrar los esfuerzos, las ideas y habilidades de los distintos sectores en aquellas materias sobre las que sí vale la pena discutir e intercambiar razones y convicciones.
Las encuestas, no obstante, indican una y otra vez que tanto los partidos como los diputados van perdiendo credibilidad ante la opinión pública, debido a que las promesas de los “políticos” en campaña no se cumplen, el valor de la palabra y de la solidaridad es casi nulo y muchos están en cargos directivos no por vocación de servicio cívico, sino por conveniencia personal. Las responsabilidades y los compromisos políticos inducen a avanzar sobre las dificultades para ver y analizar lo que sí importa a la gente y al país.
Esto es, despertar interés y estar presto al servicio de las mayorías pobres y excluidas, con un esquema de economía con rostro humano.