Las ruinas de Panamá la moderna
Guillermo Antonio Ruiz Q. | Ingeniero de Sistemas y Consultor de Comunicación Política
No lo entiendo. Es muy raro. Cada presidente que entra a ejercer sabe que tiene el problema de iniciar con un equipo que en su mayoría le va a tomar tiempo entender la burocracia y desenredar lo que el anterior gobierno le dejó. Por eso una estrategia fácil y rápida siempre ha sido tomar los proyectos ya iniciados por el gobierno pasado repotenciarlos e inaugurarlos como una gran idea del nuevo mandatario.
Así fue como Martín Torrijos inauguró la vía centenario, obra que venía del gobierno de Mireya Moscoso, y Ricardo Martinelli, con bombos y platillos, terminó las etapas 2 y 3 de la Cinta Coimera, perdón, la Cinta Costera porque desde que se es gobierno se olvidan todas las acusaciones que se le hacen a las obras anteriores. El punto es que el proyecto tan publicitado estaba ya diseñado en la administración Torrijos con la diferencia de que al final descartaron el túnel bajo San Felipe y terminaron construyendo un puente marino.
Así hay cantidad de ejemplos de toda la vida republicana. Incluso, podría dar muchos ejemplos de situaciones similares en otros países. Es lo usual. Además, los recursos en realidad vienen del mismo lugar: los contribuyentes. Se les educa para que agradezcan cómo se invierten en su beneficio gracias a un tercero, que ellos mismos eligen.
Pero en esta administración, el presidente Juan Carlos Varela ha adoptado un nuevo modelo. A lo largo de la ciudad, solo por tomar algunos ejemplos, podemos ver cómo se van agolpando ruinas de lo que pudo ser algo útil siempre y cuando se haya terminado.
La afamada Ciudad Hospitalaria, que ya iba por la mitad de la obra, fue detenida repentinamente. Se realizaron auditorías y muchas inspecciones. Aparentemente se utilizaron materiales inadecuados en algunos lugares, según los inspectores, lo cual no es correcto.
Ahora, creo que esto más que ser un problema que detenga una obra lo que dejaría al descubierto es la supuesta falta de supervisión de parte del contratista, en este caso la Caja de Seguro Social. Para resolver el problema, la junta directiva de esta institución se reunió con urgencia para cambiar el nombre del lugar y velozmente hacer que la resolución apareciera en la Gaceta Oficial.
Lamentablemente, el anterior truco mágico no ha resultado y la obra sigue detenida. Muy cinematográficamente, el contralor general de la República inspeccionó el lugar y aseguró que solo se pagaría por lo pactado. Muy bien. Avanzamos. Ya sabemos interpretar las funciones de gobierno. Lo que sigue ahora es encontrar una forma de que los impuestos de todos los panameños no se pierdan como ruinas y de una vez por todas terminen la obra.
Otra. Hasta hace un tiempo, cuando uno iba al área de Amador, podía estacionar su vehículo perfectamente bien por los amplios estacionamientos del lugar. Eso terminó con el inicio de la construcción del nuevo centro de convenciones, que albergaría una edificación amplia y moderna, capaz de llenar las condiciones para eventos que ya no caben en el centro de convenciones Atlapa.
Pero una vez más, es otro proyecto detenido y en ruinas. El nuevo administrador de la Autoridad de Turismo ha dicho que siguen evaluando la situación. Mientras eso pasa, los panameños podemos contemplar cómo nuestro dinero sigue avanzando hasta convertirse en otra ruina más por falta de acción y voluntad política.
Hay un proyecto al que no le encuentro urgencia, pero ya está iniciado, que es la ciudad de la cultura. Músicos y otros artistas me indican que sería ideal un sitio así. Por supuesto, los mismos a los que no les interesa que en Panamá tengamos una educación pública adecuada y prefieren que nuestros estudiantes sigan siendo casi analfabetas, ahora nos quieren condenar a no tener acceso a un sistema de promoción de cultura adecuado.
La obra está ahí, pero ha sido detenida. Lo más seguro es que ni siquiera se evalúe continuarla. Claro, porque tenemos edificios como la antigua Embajada de los Estados Unidos en la Avenida Balboa, que nos puede servir para hacer estas actividades. ¡Ah!, perdón otra vez. Ese edificio lo derribaron porque iban a hacer una gran torre y se gastaron una importante cantidad en estudios, planos y demolición de la antigua embajada. Eso nadie lo investiga. No me imagino cuál será la razón.
Puede que estos proyectos se vean exóticos y faraónicos. Pero el Gobierno debe recordar que avaló los mismos presentándose a las elecciones de 2009 en la misma fórmula presidencial de quien hoy tanto adversan. Queremos que nuestra plata se invierta en obras, no en ruinas.