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Las secuelas


La comunidad de Volcán es muy pacífica. En ese lugar montañoso el turismo y la agricultura mueven la economía interna, muy poco se conoce de actos violentos.

Los indígenas forman parte de esa comunidad y por años se han dedicado a trabajar en las fincas agrícolas. Ellos conviven con los pobladores, hasta son clientes de sus comercios.

Lo que sucedió el pasado martes, cuando grupos indígenas incendiaron y vandalizaron el cuartel de policía, no es normal. La mayoría de los pobladores quedaron sorprendidos por la acción que dejó sin seguridad policial a toda la comunidad.

Ellos decidieron ayer actuar y comenzaron los trabajos de reconstrucción de la sede policial. Tras los acuerdos firmados entre el Gobierno y los indígenas, la calma regresó a Volcán, pero ahora costará mucho devolverles la tranquilidad a las personas.

Un poco más arriba, en Cerro Punta, los productores están más preocupados. Las pérdidas superan los tres millones de dólares y sus finanzas quedaron en rojo.

Algunos ya están hablando de reducir su operación, eso implicaría que muchos indígenas se quedarían sin trabajo.

La crisis también alcanzó a comerciantes y productores lecheros que ahora revisan sus cuentas para ver cómo salen adelante.

Los temas relacionados a las hidroeléctricas y las minas tienen que ser evaluados con mucha responsabilidad. La Asamblea Nacional debe ser el foro para debatir cualquier iniciativa.

Es importante que las decisiones que se adopten sean de beneficio para todos los ciudadanos. El país está creciendo y necesita un manejo responsable de los recursos naturales. Las posiciones radicales no son buena estrategia en estos tiempos de cambio.