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Las trampas de velocidad


Las cosas buenas dejan de serlo cuando se usan mal, o peor, cuando se usan para el mal. Este parece ser el caso de buena parte del sistema de tránsito de la ATTT y del Departamento de Operaciones del Tránsito de la Policía. Cualquier entidad reguladora del tránsito y del transporte debe funcionar con claros preceptos que tienen como meta final la creación de un flujo vehicular seguro y expedito; sin embargo, para cualquier observador estudioso del tema resulta obvio cuando un sistema se desvirtúa y aún, cuando se usa para fines aviesos. Veamos algunos ejemplos.

La irregularidad en la colocación y velocidad anunciada de los letreros en la Interamericana denota o una falta de seriedad o conocimiento de la materia vial; así como el comportamiento de muchos agentes de tránsito.

El buen conductor debe manejar atento a la carretera y por ello los letreros deben ser obvios y fáciles de leer, pues de lo contrario pasan desapercibidos o no son atendidos por absurdos. Esto puede ser por ignorancia de las “autoridades” o peor, a propósito. También los límites anunciados también deben ser sesudos. En California la ley de tránsito prohíbe expresamente las trampas de velocidad, pues no se trata de boletear por boletear.

Las velocidades límites deben ser el producto del mismo diseño vial, conjuntamente con otros factores de costumbre y población. En muchos países civilizados, luego de los cálculos de diseño, se usa la norma del 85%; es decir, la velocidad a la cual conduce el 85% de los conductores. Esto es así, porque se entiende que la mayoría de los conductores son cuerdos. Pero cuando los límites anunciados son muy bajos o absurdamente bajos, lo único que logran es convertir a todos los conductores en infractores; además de crear un terreno fértil para la discrecionalidad de los agentes. El ejemplo más contundente es letrero en el Corredor Norte que pone el límite en 25 kph.

Otra forma de trampa es cuando una norma rara vez es implementada por los agentes; salvo cuando están de pesca. Uno de esos casos consiste en boletear por manejar en el carril izquierdo; lo cual estaría genial si lo hicieran regularmente y con buen criterio, ya que esto es peligroso.

La otra es que las boletas jamás deben ser vistas como un instrumento para el recaudo de fondos. Resulta obvio que las autoridades del ramo o no tienen control sobres sus funcionarios o no los entrenan debidamente. Un examen somero de las boletas impuestas denota que los agentes se concentran en faltas predilectas que por su naturaleza parecieran estar más orientadas al recaudo; ya sea de la autoridad o del propio agente. Es algo obvio cuando te detienen y te anuncian: “¿sabía usted que está infracción le costará $100?”.

Es lastimoso escuchar a jefes de tránsito declarar que la mayor causa de accidentes se debe a la imprudencia de conductores. Pero ya es hora que les digamos que la otra gran causa son las malas agencias de tránsito; a lo cual debemos añadir a las autoridades municipales.