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Le queda poco tiempo de vida

Por: Redacción 24/09/2016

Monseñor Emiliani, le escribo para decirle que los exámenes médicos últimos ya determinaron que el cáncer que tengo se ha regado por todo el cuerpo y que no hay nada que hacer. Yo he puesto en las manos de Dios mi vida, pero me siento triste, ya que no he podido hacer todo aquello a lo que Dios me había destinado. Tengo 24 años de casado y dos hijas, que ya están en la universidad.  Estoy sintiendo cada vez más arrepentimiento por cosas que he hecho. Una vez motivé un aborto en una muchacha que trabajaba en la casa y que yo embaracé. Después la eché acusándola de que nos había robado, cosa que era cierta, pero ahora este recuerdo no me deja en paz. Tengo también el dolor de haber arruinado a un socio mío, al que demandé y gané en el juicio, porque me había hecho trampas.   Estoy sacudido por ataques de culpa por no haber sido buen ejemplo para mis hijas, que supieron de mi aventura con esa empleada doméstica y de una relación  con otra mujer. También he sido generoso. Cuando he podido he ayudado. En mi profesión empecé de abajo y tengo una fábrica que mantiene sesenta empleados y a sus familias las he apoyado con materiales para que construyeran algunos sus casitas. También les he dado los  útiles escolares a los niños pequeños de mis empleados. Apoyo a mi esposa que está entregada a servir a gente pobre. Ella ha sido para mí un alivio, un apoyo, una bendición. No sé cómo le he pagado así. Me queda poco tiempo. Quisiera pedir perdón.
Mi hermano, Dios lo ama. Él es eternamente misericordioso.  El tormento de la culpa lo está atormentando mucho. Si usted se arrepiente de sus pecados y se reconcilia con Dios, todo quedará borrado. Ahora bien, si fuera prudente,  sería bueno encontrar a aquella muchacha a la que usted indujo a un aborto, igual que  a su socio y a otra gente que usted  ha ofendido y pedirles perdón. Esto le dará más paz. Con su esposa e hijas, una buena conversación, le  dará  tranquilidad.
Mantenga con el Señor un diálogo profundo y sereno. Confíe en la misericordia divina.  Ha sido usted bueno con sus empleados . Usted ha sido una persona honesta y a base de trabajo ha logrado lo que tiene. Muchas familias dependen de su empresa y eso también es cooperar en la construcción del Reino de Dios.
Trate de dejar bien amarrado su negocio para que siga adelante y su familia tiene que involucrarse más. Sería triste que se viniera abajo lo que le ha costado tanto a usted construir, sabiendo además que sesenta familias dependen de que la fábrica continúe. Debe darle gracias a Dios por los años que le ha dado de vida y contar todo lo bueno que ha recibido del Señor. Que este tiempo que le queda de vida lo aproveche al máximo. Siga pidiendo al Señor que su cumpla su voluntad. Con Dios usted es invencible.
Monseñor

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