Lecciones del Norte: Obama y la desilusión de la retórica.
Nueva York – Voy a abstenerme de comentar sobre las vicisitudes políticas en Panamá y tratar un tema que debe ser de interés para nuestras opciones políticas a futuro: la desilusión de la retórica política en Estados Unidos, y de la creciente desesperanza sobre la realidad y el rumbo de este país. Si bien Panamá tiene una relación de amor y odio con EE.UU., creo que es necesario distanciar esas emociones para entender plenamente lo que hoy ocurre en suelo estadounidense.
Cuando Obama fue elegido, los ciudadanos de este país depositaron su confianza en un joven presidente quien supuestamente resolvería los entuertos de su predecesor: una crisis económica profunda, un sistema político cada vez más fracturado y una decaída en el prestigio de los EE.UU. a nivel internacional. En la concurrida toma de posesión, aquel gélido 20 de enero, se respiraba esperanza. Pero un año después, hoy se exhala desilusión.
Muchos responden que la descalificación carece de fundamento, pero la práctica política del Presidente Obama deja mucho que desear: primeramente, gastó demasiado capital político en su plan de cobertura médica universal, sin hacerle frente al tema de los crecientes costos médicos. Y por otro lado, ha sido tímido frente a la recesión, delegando en el Congreso, que por supuesto apropió fondos para beneficio político. Internacionalmente, incrementó la escala de las operaciones en Afganistán, y disimuladamente expandió operaciones secretas en teatros de operaciones no convencionales. Por último, en lo que ya es el peor desastre ambiental en la historia de EE.UU, el derrame de petróleo en el Golfo de México, su respuesta inicial fue distante para evitar que la opinión pública lo identificase con el problema, un cálculo político desastroso que le costará caro.
Sobre Obama, hoy muchos dicen que la retórica ocultó sus deficiencias. En lo personal, cometí un error en ver en él a una nueva generación de políticos. Incluso, hay quienes le imputan semejanzas con el Presidente Carter, un presidente ineficaz cuyas buenas intenciones no pudieron hacerle frente a los desafíos que se propuso enfrentar. Obama, entretanto, es una lección: la retórica no debe suplantar nuestra responsabilidad para con el futuro - para los panameños, la lección es aún más clara: nuestra sed por un Mesías debe ceder a una política más serena. Las promesas políticas son lluvias huecas, que se secan inmediatamente. Y por ello, debemos escoger con sabiduría, con la convicción que ningún líder que nos hable bonito, traducirá su retórica y promesas en un mejor futuro – porque ese futuro los construimos todos, poco a poco y simultáneamente, en la calle, en las escuelas y en nuestros hogares.
